sábado, 6 de septiembre de 2008

Mareas vivas


Aquella no noche en nuestro aquel no mundo. Eufonizados por la certeza de que la vida late y comprimidos bajo el peso de las tablas de piedra de Moisés.

En la gigantesca partida que concluye en la muerte; tablas.
Reducidos a los entresijos de lo mío y lo tuyo, navegamos en círculos donde la excitación se ciñe a rozar las amuras, a entrever la tarima de la cubierta, antes de orzar y caer a barlovento. Capitanes de maqueta en estanque; marineros del patito de goma que surca las bañeras.

Debiste largar trapo, asegurar la escota de la botavara, apretar los dientes y aproarme; me hubiera puesto al pairo, ya lo sabes, me hubiera derretido durante tu abordaje en la aguas abiertas de una mar de verdad.

Ahora me deslizo sobre los Alisios y he perdido tu popa; cuando la curvatura del horizonte se tragó tu mesana, acoté en la bitácora el rumbo de tu estela.

Es inmensa la mar.