
Aquella no noche en nuestro aquel no mundo. Eufonizados por la certeza de que la vida late y comprimidos bajo el peso de las tablas de piedra de Moisés.
En la gigantesca partida que concluye en la muerte; tablas.
Reducidos a los entresijos de lo mío y lo tuyo, navegamos en círculos donde la excitación se ciñe a rozar las amuras, a entrever la tarima de la cubierta, antes de orzar y caer a barlovento. Capitanes de maqueta en estanque; marineros del patito de goma que surca las bañeras.
Debiste largar trapo, asegurar la escota de la botavara, apretar los dientes y aproarme; me hubiera puesto al pairo, ya lo sabes, me hubiera derretido durante tu abordaje en la aguas abiertas de una mar de verdad.
Ahora me deslizo sobre los Alisios y he perdido tu popa; cuando la curvatura del horizonte se tragó tu mesana, acoté en la bitácora el rumbo de tu estela.
Es inmensa la mar.
Debiste largar trapo, asegurar la escota de la botavara, apretar los dientes y aproarme; me hubiera puesto al pairo, ya lo sabes, me hubiera derretido durante tu abordaje en la aguas abiertas de una mar de verdad.
Ahora me deslizo sobre los Alisios y he perdido tu popa; cuando la curvatura del horizonte se tragó tu mesana, acoté en la bitácora el rumbo de tu estela.
Es inmensa la mar.