
“A mi también me hubiera gustado”.
La compleja infraestructura electrónica permitía no verbalizar los pensamientos; era una especie de omnisciencia literaria, donde el lector-actor podía comunicarse con el redactor-actor y completar lagunas, cerrar los círculos, sin que mediara un solo sonido. Construcciones a posteriori, que no perdían un ápice de su valor, aunque no podían modificar lo pretérito, pensó.
Que las cosas ocurran, puede ser igualado por la conciencia de que pudieron ocurrir; el sabio establece muy pocas diferencias entre ambos escenarios. Lo que uno percibe como tangible no siempre es material, se dijo.
Pensó que él ya había podido sentir como el peso del agua doblegaba los cabellos contra su cuello y como las primeras gotas que escapaban por su espalda, erizaban el fino vello rubio de sus antebrazos, levantando texturas. De igual manera, pensó, ella podría haber sentido la presión de las yemas de los dedos sobre el cuero cabelludo, distribuida de manera diferente en función de la zona y de la largura del pelo; ambos podrían haber reconstruido el caudal de agua tibia, al recoger de la nuca hasta las puntas la espuma o disfrutado del aroma final de un pelo limpio y brillante.
Hay cajones que su apertura requiere de un permiso expreso, eso, que todo el mundo sabe, separa en una línea inapelable, a los infractores de los que practican la estricta observancia; ante la duda, algunos optan por no abrir ninguno y apilan su hatería en el hueco de cualquier estante. Un armario es un universo tan íntimo como una carta o el contenido de un bolsillo. En la bandeja de algún cajón, pensó, estarían guardados los mundos de a diario y los de esto me lo puesto para ti; todos lo hacemos, es un antiguo privilegio de cuando las cosas surgen con la oportunidad que permite la premeditación. Elegir puede ser un doble privilegio, yo lo elijo o yo elijo que tú elijas; ambos construidos desde el ejercicio de lo voluntario y de lo compartido, e intensos por definición. Él ya había recorrido mentalmente ambas experiencias, que había hallado del todo deliciosas; la segunda, definir de los pies a la cabeza un único cociente nacido de múltiples posibilidades, habría llenado su absoluta inclinación por las arquitecturas efímeras y trascendentes. Lo había hecho desde lo abstracto del desconocimiento de la materia prima y desde la seguridad de que ésta, sería generosa y exquisita; de ello no albergaba duda.
¿Yo lo elijo o yo elijo que tú elijas?, ¿Cual hubiera sido su opción? Sabía por experiencia que hay incógnitas que uno no puede resolver porque pertenecen a las esferas en que gravita el otro; encendió un cigarrillo, alojó los auriculares en el hueco de los oídos y dio al play de su I Pod™, donde el piano de Tom Waits iniciaba su Innocent When You Dream.
The bats are in the belfry
the dew is on the moor
where are the arms that held me
and pledged her love before
and pledged her love before…
Chorus:
It's such a sad old feeling
the fields are soft and green
it's memories that I'm stelaing
but you're innocent when you dream
when you dream
you're innocent when you dream