martes, 23 de diciembre de 2008

12/08

Antes de cambiar el taco de las hojas, al revisar las notas del ya pretérito almanaque, cabe decir que se ha ajustado al pulso de mi edad; he enterrado a algunos coetáneos, he alcanzado metas y no he llegado a costas que parecían próximas. El año ha evidenciado que los pocos amigos son muy grandes y que los conocidos tienden a diluirse, en la insulsa salsa de la intranscendencia; mejor así.
Harto de habillamientos, valoro el peso específico de quienes son lo que dicen que son y huyo, consciente, del contorneo de las canéforas en el horuelo y del blableo del sabio de salón. He aprendido a atravesar los hormazos con las botas bien atadas y a distinguir entre precio y valor; ya sólo compro lo que puedo pagar y merece la pena afrontar su cuidado.
Digo adiós a aquellos que ya han sido y estrecho con fuerza a los que siguen siendo.
Voy por libre para aprender a serlo; la misantropía enseña a amar sin límites a pocos y a respetar, de lejos, los mundos ajenos que no pueden obrar en mi emoción.

Otro año más; complejo privilegio.

Haiku. 42º02' N - 1º41' O

De tu piedra
en mi estanque;
circulares memorias

QK. 41º38'29.27" N - 0º53'12.60" O.


Detrás de ti la noche…
y el capitel que sostiene mis sueños.

44º51' N / 26º01' E

Del que lee en las arenas a la que trenza vientos:
en la soledad de los largos eclipses
he sentado tu recuerdo a mi hoguera:
se acumulan los años,
yo siento que fue ayer.

Haiku 39º33' N / 2º37' E

Sutiles diferencias;
unos emiten luz
que otros solo reflejan.

02.24 / 48º51' N - 2º21' E

Nacido para el todo y la nada…
Conocedor de los pliegues más íntimos y
del amplio vacío que el silencio desborda.
Erigido y disuelto por labios nunca ajenos.

Haiku. 19º26' N - 99º08' O.

Sin mis lentes,
las líneas del volumen
son cirros en un cielo.

Haiku 40º24' N / 3º41' O

Trampantojo;
pretendida inocencia
sobre la escama.

Abril. 48º18'N - 11º33' E.

De la guadaña
el olor de la hierba…
La amputación controlada de todas las medidas;
la inevitable corrección del paisaje.

12:45 / 41º53' N - 1º43' O.

La tentación incontenida en los labios externos de la copa,
sabores mínimos,
suficiente expresión…para mi.
En la barra del bar…
ver al final como el sonido se desgarra y aturde la memoria.

Haiku 43º27’ N / 3º48’ O

El alba, el rocío y el musgo;
armonía
en la defensa propia.

Vagones de tercera. 43º09'12.57" N - 77º34'48.45" O

El olor de la distancia es el recuerdo
que como la mirra,
es imborrable e impreciso.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Bösendorfer


Todos tenían claro que habría de ser al alba, los treinta de fuera podían permitirse esperar unas horas, la noche no era dura; los tres de dentro sabían que de cualquier manera iban a morir. Hacerlo empuñando las armas o con las manos atadas a la espalda, era la única variable y, puestos a elegir, la primera opción podría aligerar las filas enemigas en algún guardia civil y ello la hacía más apetecible. Los tres de dentro estaban sucios, hambrientos y tranquilos, se habían vuelto a dar por muertos el mismo día que se integraron en la Agrupación Guerrillera Ibérica, A.G.I.; pasar a estarlo no parecía tenerlos preocupados. Los tres de dentro eran muertos vivientes, llevaban a la espalda toda la guerra civil española, la segunda guerra mundial y cinco años y medio de incontrita resistencia al régimen de Franco; llevaban muertos más de diez años, aunque llegaban retrasados a esa cita. Los tres de dentro eran curtidos veteranos, ninguno llegaba a los cuarenta y habían pasado media vida apostados en horacos y trincheras, por propia voluntad. Los tres de dentro eran Marcelo y Tasio, jóvenes anarquistas de Arguedas, que el 18 de julio huyeron de Navarra para defender la República, a Barcelona, el otro, Heinrich, era un bávaro de Dachau, un joven periodista que en el verano del 36 había acudido a cubrir las olimpiadas populares a la capital de Catalunya, y que, desde el primer día del golpe de estado, se había unido a otros extranjeros para tomar las armas; en aquel entonces unía más una causa que cualquier bandera. Los tres de dentro se conocieron apostados tras la misma barricada, enfrente del Hotel Colón y desde entonces se cubrieron las espaldas en la tarea inconcusa de cortar el paso al fascismo.
Los treinta de fuera pusieron una sólida guardia rodeando la casona; los que estaban libres de servicio, fumaban a resguardo de cualquier trayectoria y esperaban la hora del rancho. Los tres de dentro llevaban dos días sin probar bocado, desde la refriega en que el grupo principal se fraccionó tras el encontronazo entre la partida y las patrullas; algún pastor se habría ido de la boca y les había echado encima a la guardia civil, que de momento, se había llevado la peor parte.
Los de fuera y los de dentro sabían que la casona era infranqueable sin más luz que la de una luna casi llena; los de fuera quedarían expuestos a la eficacia de las Sten de los de dentro, que con los cargadores rectos de 32 balas de 9 mm, podían causar un verdadero desastre en manos tan expertas. Sería al alba, los treinta de fuera podrían vomitar una cortina de fuego con las MP-40 y los naranjeros, neutralizar la ventaja de los tres de dentro, parapetados en las ventanas, hacer avanzar a una patrulla con razonable seguridad y luego tomar la puerta; habría bajas, tres eran seguras.
La casona era una mezcla de fortín y palacete de señoritos, hijos de labradores ricos, que lo habían cerrado hasta que el maquis dejara de ser una amenaza para la derecha de la zona; podían esperar en la comodidad del piso en Zaragoza a que la guardia civil limpiara la sierra de Teruel. Marcelo y Tasio vigilaban la única salida, mientras Heinrich revisaba cada habitación, con la linterna en la mano izquierda y la Sten en la derecha. En la segunda planta, al llegar a un amplio salón del que los dueños ya habían sacado casi todos los muebles, la luz de la linterna revivió el bulto inconfundible de un piano cuidadosamente tapado por unas sábanas; era evidente que los señoritos habían desistido de bajarlo a la ciudad y quedó allí, varado en medio de la habitación. Al retirar los lienzos, la cuchilla de luz se reflejo en la perfecta laca negra de un Bösendorfer de gran cola; de pie, en silencio, sintió como la humedad desbordaba sus ojos. Pese a una vida de riesgos y de pérdidas, de dolor y combates, no había llorado desde que supo que toda su familia había muerto en la tormenta de fuego de Dresde, en febrero del 45, casi acabada la guerra; se habían desplazado a casa de la abuela desde Dachau, en la imposible búsqueda de un espacio seguro. Bertha, la madre de su padre, inició a un Heinrich niño, en las poderosas combinaciones que dormían entre las 97 teclas de su Bösendorfer 290 Imperial; a los diez y seis años ya era un pianista virtuoso al que importaba más la lucha de clases que las Variaciones Goldberg, que había logrado someter.
Levantó y armó con cuidado la tapa superior, recorrió con la mano todo el contorno del mueble; la madera de la caja de resonancia trasmitía frescura y belleza. Alzó la tapa del teclado y la bufanda de terciopelo verde, ajustó la altura de la banqueta y extrajo, sin comprobar la afinación, de entre las 52 teclas blancas y 36 negras, los primeros compases de la sonata Nº 14 en Do sostenido menor, Claro de Luna, Opus 27 Nº 2 de L. Van Beethoven; los de fuera y los de dentro se quedaron clavados en su sitio, como si el pianissimo del movimiento los desnudara de su realidad de soldados, como si en esa noche nadie pudiera tener enemigos. Durante cuatro horas Heindrich recorrió las siete octavas y la tercera menor de aquél magnífico Bösendorfer, del que obtuvo a Brahms, a Listz, a Bach, a Chopin y durante esas cuatro horas, los de fuera y los de dentro se recogieron en el íntimo territorio de los callados pensamientos y del tabaco de liar, esperando que el alba se demorara, porque entre los de fuera y los dentro había hombres a punto de morir.
Antes de clarear, Heindrich abandonó la redondez exquisita de los clásicos y espoleó a los propios y ajenos con los compases de la música gemela y letras divergentes, del Ich hatt' einen kameraden, que los brigadistas alemanes cantaban en honor a Hans Beimler y los golpistas y los voluntarios de la Cóndor, a mayor gloria propia, si, era la misma música y dos letras opuestas. Los tres de dentro cantaban en alemán y los treinta de fuera en español

Vor Madrid in Schutzengraben Yo tenía un camarada
In der Stunde der Gefahr ¡Entre todos el mejor!
Mit der eisernen Brigaden Siempre juntos caminábamos,
Sein Herz voll Hass geladen Siempre juntos avanzábamos,
Stand Hans, der Kommissar Al redoble del tambor.
Stand Hans, der Kommissar
Seine Heimat musst er lassen Una bala compañero,
Weil er Freiheitskampfer war, ¿Va por ti o va por mi?
Auf Spaniens blut'gen Strassen A mis pies cayó herido
Fur das recht der armen Klassen El amigo más querido
Starb Hans, der Komissar (2x) Y en su faz la muerte vi.
Eine kugel kam geflogen Él me quiso dar la mano,
Aus der "heimat" fur ihn her, Mientras yo el fusil cargué.
Der Schuss war gut erwogen Yo le quise dar la mía
Der Lauf war gut gezogen, Y en su rostro se leía:
Ein deutsches Scheissgewehr (2x) ¡Por España moriré!
Kann dir die Hand draug geben ¡Gloria, gloria!
Derweil ich eben lad ¡Gloria y victoria!
Du bleibst in unserm Leben, Con el cuerpo y con el alma,
Dem feind wird nicht vergeben Con las armas en la mano,
Hans Beimler, Kamerad (2x) Por la Patria.

Hacia las ocho y media de la mañana acabó la refriega, para entonces nueve hombres habían dejado la vida y otros cinco estaban heridos. Tasio murió defendiendo la única puerta y Marcelo en el rellano de la escalera; la metralla de granada que acabó con Hendrich reventó también el Bösendorfer, del que sólo quedó reconocible el bastidor, la maraña de cuerdas y docenas de macillos esparcidos por el suelo.
Los tres de dentro fueron enterrados en la parte civil del cementerio de un pueblo cercano, en el zarzal sin consagrar reservado a los apóstatas, los cómicos, las putas y los suicidas; sus tumbas no fueron marcadas, ni sus nombres entregados a la memoria de una lápida. Las maderas de abeto, peral y tilo del Bösendorfer acortaron el invierno desde la chimenea, el marco acabó en el gallinero; los dueños sólo mostraron interés por las láminas de marfil que antes cubrieron las teclas blancas.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Sin título. 30º04 N - 31º12 E.

Escribo para no olvidar,
en el convencimiento de que,
cuando levante las persianas a la muerte,
mi última luz vendrá de los recuerdos.

Octubre. 80º09' N - 24º57' E.

Sombras largas, oblicuas, contornos suaves,
el otoño trepando a los ailantos,
evocación de otros amarillos…atrás…siempre…
como una nostalgia… de la mar…atrás…siempre…
en mis sueños, son solo soles

Mareas. 42º08' N - 0º24' O.

Sin quién ni donde,
cierro los picaportes de los cantos ajenos y
ocupo los espacios del sextante.

Batallas del alfil. 17º09' N - 96º12' O.

Empujo la noche, comprimo la noche hasta afilarla y
reconocer mi voz, doblada en las esquinas…tantas…
bajo los párpados
la luz, delicuescente, se disuelve…
rota, libre de mí…
perdido en las nostalgias de la arena.

Haiku 43º27’ N / 3º48’ O

Entropía;
miro en tus ojos,
sólo veo reflejos.

Haiku 37º52' N / 4º46' O

Acrimonia.
Olas pequeñas;
profundo pecio.

Haiku 43º 18' N / 1º 59' O

Inanidad;
veo tus palabras,
oigo mí olvido

sábado, 13 de diciembre de 2008

Lusitania VI. SMS recibido 13/12/08 23:01

Caramba, sigo seca!

Más allá de las nubes no era posible sospechar a la luna de diciembre, redonda y gorda; llovía en la mayor parte del país y, donde no llovía, nevaba. Hacía ese frío propio de los inviernos de antes, que sabían de sabañones en las orejas y de carámbanos de hielo en los aleros, de diciembres que se abalanzaban hacia las innevitables navidades entre pasamontañas, manoplas y castañas asadas. Examinó la frase dentro de las combinaciones que faculta la tendencia del español hacia la polisemia: seco-ca, (del latín siccus) 35 entradas, 24 de ellas como adjetivo; consideradas una por una, deseó que ella se refiera a que el temporal no la había alcanzado y que, por tanto, mantenía ese grato calor, tan necesario en lo álgido del invierno. Descartada la aridez, estar ajada, enjuta, sarmentosa, huraña, desabrida, falta de amenidad o desesperada por empaparse de alcohol, estar aún a salvo de las aguas tenía una evidente exactitud semántica. Recordó el famoso principio de Fray Guillermo de Occam, aportación de la Orden Franciscana del S. XIV a la economía del pensamiento: “Pluralitas non est ponenda sine necesítate” (no proponer pluralidad innecesariamente) y que los amantes de las operaciones epistémicas han trascrito como “en igualdad de condiciones la explicación más sencilla es probablemente la correcta”; de manera inmediata admitió que la eficacia del reduccionismo encalla siempre en las metáforas y que sin ellas, todo resulta infinitamente más tedioso.

Los antónimos de seca permitían otras explicaciones, que no estaban del todo contempladas en las 35 entradas del RAE, quizá por que él amaba los hontanares y las vivificantes humedades. Consideradas las posibilidades de ser puesto al corriente del reflujo de tan intensas mareas, regresó sonriente a la oblicua eficacia de la lluvia como agente y la voz de Bruce Springsteen, la batería de Max Weinberg y el sintetizador de Roy Bittan, que llenaban toda la habitación.


I was bruised and battered and I couldnt tell
What I felt
I was unrecognizable to myself
I saw my reflection in a window I didnt know
My own face
Oh brother ¿are you gonna leave me
Wastin´away
On the streets of Philadelphia?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Haiku 41º59' N / 1º40' O

Vuelvo a ti,
recurrente,
como toda marea.

Correcciones a "Epitaph"

En el 69, Robert Fripp y Peter Sinfield compusieron “Epitaph” (8:47), tercer tema del álbum In the Court of the Crimson King, primer LP de aquella legendaria banda; la voz de Greg Lake acompañada de la de Ian McDonald y Michael Giles desgranaron verso a verso la profunda letra escrita por P. Sinfield:

The wall on which the prophets wrote
Is cracking at the seams.
Upon the instruments of death
The sunlight brightly gleams.
When every man is torn apart
With nightmares and with dreams,
Will no one lay the laurel wreath
As silence drowns the screams.
El muro en que escribieron los profetas, se agrieta por las costuras…La portada del álbum es la obra única de Barry Godber (1946-70), que murió de un infarto meses después; él tenía 24 años y yo, entonces, 14. Aquella pintura pasó a ser la divisa de una generación y el disco, sigue proporcionándome cobijo 39 años más tarde, gracias chicos.

En el 63, Columbia records puso en el mercado el álbum The Freewheelin' Bob Dylan, segundo LP de Robert Allen Zimmerman, más conocido para su público, asesores, algún Papa y muchos banqueros como Bob Dylan. La pista uno contenía el tema Blowin’in the Wind (2:48) , composición que pasaría a ser la bandera de la primera movilización globalizada, la primera canción que aprendí en inglés y el inicio de mi amor por las harmónicas.

¿Quién quiere ser Woody Guthrie pudiendo ir de Woody Guthrie?, verdad, Bobby, 46 años más tarde, la tan sobada paloma blanca sigue sin poder posarse en la arena porque está hecha de níquel y de plástico, de cuentas bancarias, Príncipes de Asturias y derechos de autor, y yo, Bobby, lo entiendo, a fin de cuentas no todos podemos ser Pete Seeger.

¿Sabes, Bob? en la España de Franco, aquellas mujeres que lo tenían todo, solían coser primorosas canastillas para los hijo de las que no tenían nada; aquellas piadosas meapilas eran llamadas Las Damas del Ropero y su estirpe parece perpetuarse en cada uno de los que tocan pela. No eres el único, Bob, a quien los tiempos han cambiado, de los Stones a Alejandro Sanz Las Damas del Ropero crecen como la hiedra e impiden ver el muro; el muro, Bob, aquél en que escribieron los profetas.

No puedo evitar seguir escuchándote o leyéndote, eres el músico excepcional de toda la vida y un envidiable poeta; lamento hacerlo sin el respeto que te tuve, te juro, Bob, que creía que los tiempos estaban cambiando y que una fuerte lluvia habría de caer para lavar al hombre y a la tierra del hombre. Cosas que pasan.

Pete, sin pedirte permiso he reescrito el primer verso de Epitaph, pienso que es un reajuste fonéticamente menor y que se acerca más al objeto de tan memorable letra, espero que no me lo tomes demasiado en cuenta:

The prophets who wrote on the wall
are cracking at the seams.
Upon the instruments of death
The sunlight brightly gleams.
When every man is torn apart
With nightmares and with dreams,
Will no one lay the laurel wreath
As silence drowns the screams.

Los profetas que escribieron en el muro, se agrietan por las costuras (de sus pesados bolsillos?)…

domingo, 7 de diciembre de 2008

Haiku 43º33' N / 5º55' O

Espirales de la noche;
tú dormida,
yo en la vela.

Haiku 38º43' N / 9º08' O

Será en mi pulso:
el sol,
carece de memoria.

Haiku. 40º57' N - 5º39' O

Llego del sol,
y en cada hoja
colocó una sombra.

If. 40º26'26.19"N - 3º41'24.12" O.

La húmeda memoria
de tu lengua en mi boca, recubre de textura
mis grises horas planas.

Canción de barlovento. 55º40' N - 12º35' E.

Canción de barlovento.
He marcado con mis labios en tu nuca milenarios senderos…
Si alguna vez me añoras, dale tu espalda al viento
y azuza los oídos para escuchar el mapa que labraba,
en las noches aquellas en que habité tu proa.

01/01 42º48' N - 1º30' O.

Del que cuida del faro a la que guarda la torre:
Nos hermanan las mismas estrellas y acunamos parecidas certezas.
Yo mantendré la lámpara señalando las olas
y tú la calma de la ciudad dormida.
Quedan por definir demasiados perfiles para cerrar los ojos.
Un año más. Complejo privilegio

sábado, 6 de diciembre de 2008

Haiku 37º59' N / 1º07' O

Luz,
al final del túnel,
sobre la montaña.

Kòan

¿Te imaginas un beso redondo y sin esquinas?

A mares.

No estaba bien, estaba a mil jodidas vidas de estar bien; sabía por experiencia, que a veces esto pasa. De cuando en vez se nubla la existencia y llueve a mares sobre la tierra, elemental, del día a día; no queda otra que apretar los dientes, dejar que alma se empape hasta aterirse y esperar a que escampe. No eran suyas las nubes, eso sumaba al frío inevitable, la sensación de no haberse merecido la tormenta; éste dolor injusto era sordo y tenaz.
Desnudo bajo la tromba, trataba de entender de qué barro están hechos los otros y si los mundos a la venta por los treinta denarios valían una amistad que no atendía a precios; era evidente que la mejor respuesta caía a jarros desde la vertical, apretó más los dientes y decidió que no siempre resulta comprensible la gente que habrá de morir un día diferente a aquel que será el propio.
Con el lodo llegando a las rodillas, buscó cobijo en los rostros a prueba de granizo que le había acercado la vida y en los seres que habían completado los huecos en su muro, para hacerlo crecer; eran un luminoso rosario de gente excepcional, de hombres y mujeres especiales, un inmenso abanico que cubría, pala a pala, todas las áreas del conocimiento necesario para aproar las olas de una vida intensa afrontada en altamar. Rostro a rostro, mundo a mundo, ser a ser, agradeció consuelos y enseñanzas, colores y humedades, versos y prosas, sentencias y aforismos; nombre a nombre, año a año, ciudad a ciudad, iba pudiendo más aquel viento en las velas que lastre de traiciones diminutas y de seres pequeños. Un foco de calor brotó en su vientre.
No estaba bien, estaba a cien jodidas vidas de estar bien, pero con la requerida luz para afrontarlo; cerraré los ojos, pensó, aguantaré la cortina de lluvia y cuando escampe, sabré que ya habrá sido.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Haiku 42º47' N / 4º16' O

En lo añil
de la glicinia,
casi rocé tu boca.

S.V.R.

Somos, pensó, de esa gente curtida en la largura de las horas, en la soledad aceptada de tardes y de noches veladas en el silencio de un yo, que aún sabe andar sobre las aguas o caminar sobre el fuego. Mantenemos en nosotros el espíritu del camello, que bebe cuando puede pero que camina siempre. Pensaba en ello con la libertad que permite no portar equipajes ni tener que ceñirse a un plan, a un modelo, a ningún movimiento compartido. Sin otra luz que la brasa roja del cigarro y la que trasmitía el cono del incienso bajo un manto de ceniza, recuperó de los pliegues del cerebro, imágenes y olores, timbres de voz, texturas, sonrisas y miradas que en algún momento brotaron para él; lo hizo con la renuncia expresa de ordenarlas, de intentar descifrarlas, de tratar de entenderlas. Acunado por los cálidos rescoldos de la vida apuró el tequila, apagó el cigarro con los ojos cerrados y corrigió la deriva de la manta sobre el vientre, por la ventana abierta entraba la grata noche fría y salía el excedente de humo de Nag Champa y Ducados; mantener el delicado equilibrio que burla al detector del techo, es una habilidad que desarrollan los fumadores en las habitaciones de hotel, que prohíben el consumo de tabaco a quienes permiten el porno pay per view y el alcohol, en dosis-botellita.
Desde un punto de vista vital, pensó, él no era un segador, de esos que rebajan 50 cm. la altura del paisaje con una hoz o a golpe de guadaña y recogen cosechas y roturan las tierras y escudriñan los cielos buscando la lluvia o temiendo el pedrisco, no, él no era un hombre sedentario; como todo nómada recolectaba las bayas y las setas en las lindes del camino y bebía del río en las palmas de las manos.
La noche y las imágenes cosidas a la noche; otros ojos besaban los suyos y acunaban su sueño incipiente, lejana aun el alba.