Caramba, sigo seca!Más allá de las nubes no era posible sospechar a la luna de diciembre, redonda y gorda; llovía en la mayor parte del país y, donde no llovía, nevaba. Hacía ese frío propio de los inviernos de antes, que sabían de sabañones en las orejas y de carámbanos de hielo en los aleros, de diciembres que se abalanzaban hacia las innevitables navidades entre pasamontañas, manoplas y castañas asadas. Examinó la frase dentro de las combinaciones que faculta la tendencia del español hacia la polisemia: seco-ca, (del latín siccus) 35 entradas, 24 de ellas como adjetivo; consideradas una por una, deseó que ella se refiera a que el temporal no la había alcanzado y que, por tanto, mantenía ese grato calor, tan necesario en lo álgido del invierno. Descartada la aridez, estar ajada, enjuta, sarmentosa, huraña, desabrida, falta de amenidad o desesperada por empaparse de alcohol, estar aún a salvo de las aguas tenía una evidente exactitud semántica. Recordó el famoso principio de Fray Guillermo de Occam, aportación de la Orden Franciscana del S. XIV a la economía del pensamiento: “Pluralitas non est ponenda sine necesítate” (no proponer pluralidad innecesariamente) y que los amantes de las operaciones epistémicas han trascrito como “en igualdad de condiciones la explicación más sencilla es probablemente la correcta”; de manera inmediata admitió que la eficacia del reduccionismo encalla siempre en las metáforas y que sin ellas, todo resulta infinitamente más tedioso.
Los antónimos de seca permitían otras explicaciones, que no estaban del todo contempladas en las 35 entradas del RAE, quizá por que él amaba los hontanares y las vivificantes humedades. Consideradas las posibilidades de ser puesto al corriente del reflujo de tan intensas mareas, regresó sonriente a la oblicua eficacia de la lluvia como agente y la voz de Bruce Springsteen, la batería de Max Weinberg y el sintetizador de Roy Bittan, que llenaban toda la habitación.
Los antónimos de seca permitían otras explicaciones, que no estaban del todo contempladas en las 35 entradas del RAE, quizá por que él amaba los hontanares y las vivificantes humedades. Consideradas las posibilidades de ser puesto al corriente del reflujo de tan intensas mareas, regresó sonriente a la oblicua eficacia de la lluvia como agente y la voz de Bruce Springsteen, la batería de Max Weinberg y el sintetizador de Roy Bittan, que llenaban toda la habitación.
I was bruised and battered and I couldnt tell
What I felt
I was unrecognizable to myself
I saw my reflection in a window I didnt know
My own face
Oh brother ¿are you gonna leave me
Wastin´away
On the streets of Philadelphia?