viernes, 13 de marzo de 2009

Ἴκαρος

En las grandes batallas se levanta polvo; ello resulta inevitable. La vida debiera ser un estruendo formidable, continuo, sin tregua, donde el brillo del cabello y todas las texturas estuvieran permanente amenazadas por la lluvia, feliz, de los escombros que produce la intensidad. Y sin embargo, habitamos la más estéril de las limpiezas, donde la amenaza de contagio se reduce al tedio de vidas circulares, que ignoran el crecimiento en espiral. En la parábola del asno que mueve la muela del molino, encontramos la seguridad de lo previsible y la mansedumbre de anodinas certezas, donde la caída de Ícaro produce más temor, que asombro por la altura de su envidiable ascensión. Volar cometas no levanta nuestros pies de la tierra y las mitologías no sustituyen a la vivencia.

En las grandes caídas se levanta polvo; real, maravilloso, irrenunciable.