Quienes deciden adentrarse descalzos en el tapiz de brasas de unas oposiciones, pertenecen a dos clases de individuos; los que tiene un currículo idéntico a sus recientes compañeros de estudios y los que, tras una dilatada estancia en la práctica profesional, deciden abrazarse a la vida sin sobresaltos que ofrece el funcionariado. Los primeros planifican la arquitectura de los temas en atroces calendarios, donde el tiempo que requiere una caña o un polvo corto, queda abducido por las liniaturas de los rotuladores fluorescentes y las promesas de un mañana estable, e inevitablemente proclive a la anestesia de toda vitalidad. Los segundos, abandonan el barco sin ningún remordimiento, cada vez que suena el teléfono o completan las existencias de la nevera cuando tocaba aquello de la espesa Constitución. Los primeros se transforman en cartujos y otorgan a cada fracción del tiempo exactas metas que se deben cumplir; unos ignoran cuando oculta la puerta y tienden a tornarse grises y perder la color, otros abandonan la silla para breves periodos de gimnasia, y evitar con rítmicos movimientos, los cambios que en el tipo produce la estricta observancia opositora; ¡que el dios de los chupitos los confunda y el de los besos con lengua los disperse!
Los otros, los que barajan las hojas de los temas con aparente dedicación tras ocho horas de trabajo, merecen el respeto de la gente cabal en un episodio de locura transitoria del que nadie estamos exentos, ¿quién no tiene un día malo o está libre de una fatal ventosidad mientras se viaja en un coche cerrado?
Es de noche y la luna mengua, los otros, con la dosis exacta de café, están en el segundo repaso de los 35 temas; no han hecho en esta vida otra cosa que estudiar y, acaso en los veranos currar en Tele pizza™, pero tú no, tu existencia ya no se puede encuadernar en solo volumen, y eso, querida, vale cada cicatriz. Algunos renunciamos a medirte en esa vara. Es de noche, decía y la luna mengua mientras Willy de Ville interpreta sugerente su “Heaven Stood Still”
lunes, 13 de abril de 2009
Heaven Stood Still
domingo, 12 de abril de 2009
16/2
En el anaquel, el humo azulado de unos conos de incienso, perfuma el dolor sordo de lo irremediable. Arden en tu memoria y elevan volutas densas por la vertical de mi vacío, en la torpe ceremonia de ahumar recuerdos, de mantenerte en mí, de aliviar la certeza del ateo que sabe que no podremos volver a abrazarnos, nunca.5.843 días, dieciséis años, de aquella forzosa separación que impuso tu muerte; hay espacios en mí donde solo florece la nada, eternos barbechos que ya nadie cultiva, árida geografía donde el desierto crece y la sonrisa mengua. Aquella, nuestra sonrisa de epicúreos descreídos, de hedonistas en mundos a escala reducida, confortable y suficiente; de nosotros y los otros.
Ahora, roto ya el vidrio en la ventana, la atmósfera de fuera penetra las estancias y oxida los colores que usamos para pintar los frescos; tú y yo no buscamos la protección de los barnices por que nunca creímos en la capa final, en la obra acabada o en los puntos y aparte.
16 de febrero; vas por delante, yo sigo ciego.
1. e4, mueven negras
Ella no podía evitar que el peso en la balanza de un rosario de años, llevara la humedad a sus ojos y el sabor de la tristeza a los músculos que enarcan las cejas; todo dolor innecesario resulta cruel. Ello no ocurría de continuo aunque el eco, persistente, de un runrún mantenido, se acunaba en el ritmo de su respiración. La realidad de la vida conculca contratos y hace que los plazos expiren, aunque en el articulado de las promesas parecieran eternos. Condenar una puerta es siempre una experiencia aparatosa, y tirar luego la llave, es algo que trasciende al ritual. No había en esa decisión espacio para el vértigo, sino el peso de cientos de heridas leves, que por ser evitables, dolían como una brutal amputación. Como tantas deidades que perdieron su culto, quien había sido antes el motor de profundos latidos, se hundía ahora en el lodo del ídolo desprovisto de fieles. Los muertos no sangran a borbotones, pensó, y cada laceración por donde se derraman mis arterias, demuestra que estoy viva. Y ahora, cuando la torre ha dado mate al rey, otras partidas reclamarán el orden en las fichas y nuevas aperturas. 32 trebejos, 64 casillas; en las filas, columnas, diagonales, en los bordes, esquinas y en el centro reside el juego y el éxtasis del juego. Aún hay combinaciones que están por explorar.1. e4, mueven las negras
jueves, 9 de abril de 2009
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