En los tiempos de Aquiles, los peligros mayores de las calzadas eran los que podían deparar infrecuentes bandidos o algún Titán eufórico por la ingesta de vino; aquella era de paz ha sucumbido bajo el estruendo de las bigas, las trigas y las cuadrigas, cuya temeridad impide que el polvo vuelva posarse manso sobre las piedras.Los Faetitas son jóvenes aprendices de oficios con gran demanda: finos marmolistas, curtidores de pieles, alfareros, cortadores de teselas, mozos de cuadra; todos llenos de vida y dispuestos a apurarla de un sorbo, ya que a todos les une el morar en lo extremo. Lejos de atarse a la rutina de fundar casa y familia, dedican casi todos sus emolumentos a la compra y ulterior trasformación de un carro cualquiera en un meteoro digno del pasmo y de la admiración. Un Faetita es, por encima de todo, un modificador experto, un visionario: mitad mago, mitad herrero y siempre genio. Ellos mismos forjan las tremendas herraduras que anunciarán a leguas su llegada y ejecutan e instalan los utillajes del amejoramiento: bridas de Persia, más ligeras y firmes; ruedas egipcias de cuatro radios; pértigo de duras maderas que se cortan en el oriente; eje forjado en Damasco; pintado en sucesivas capas con pigmentos hititas y, sobre todo, con el espacio requerido para el tañimiento de buccina y de cornu, ya que escuchar vigorosas melodías mientras se levantan estelas de polvo, alegra el alma del penígero auriga.
Los Faetitas suelen ser gregarios y buscan de la mutua compañía, frecuentemente se concentran en gran número y admiran unos de otros la finura del oficio y la eficacia de las transformaciones. Los ciudadanos menos propensos a cualquiera de los excesos, suelen tener adversas opiniones sobre la belleza de los carros y la destreza de sus conductores; algunas matronas tienden a manifestar su pena por las voces del tiro de caballos, que sobrealimentados con piensos de gran energía, lejos de relinchar con gracejo rugen como alimañas. Los gerontes, avezados en el estruendo de la guerras, suelen referirse a ellos con la expresión “la hetaira que los parió”