sábado, 11 de julio de 2009

Las Tapónidas

Son criaturas cuya génesis permanece en la región oscura de lo ignoto; los eruditos que han ensayado las líneas posibles de sus ancestros, no han podido presentar ninguna prueba concluyente. Su capacidad martirizante pudiera situar su nacimiento en alguno de los infiernos menores; ello es también una especulación.
De escasa estatura y cuerpo de mujer de edad mediana, las Tapónidas suelen medir tres veces el ancho de sus formidables caderas, tener pechos más prominentes que los que sujeta su elemental musculatura, pantorrillas como los bíceps de Hércules y el cabello de inusuales colores, corto, ahuecado e impedido de cualquier movimiento; tienden pintar sus párpados superiores y los labios con coloridas materias grasas que les dan un aspecto temible. Son en extremo irritables y de naturaleza desconsiderada; son propensas a no respetar el orden en los mercados, burlar la paciente espera de los buenos ciudadanos y establecer monólogos inacabables con los comerciantes, hasta colapsar el ritmo de los suministros y poner en peligro la paz de las sociedades. Se consideran profundas conocedoras de cualquier materia y tienen una opinión para todo fenómeno. Intolerantes y vengativas, emiten juicios sin la menor misericordia y establecen sentencias sin ninguna piedad. Un tropel de Tapónidas es más temible que una densa nube de langostas sobre mieses granadas.
La arquera Artemis, que hubo singular combate con una de ellas, previno a Apolo de los riesgos en la célebre sentencia que recogiera un anónimo testigo “Hermano mío, si tu camino cierran los dioses con una Tapónida, recuerda que es más rápido saltarla que darle la vuelta; pide antes de nuestro padre, Zeus, especial protección