lunes, 13 de julio de 2009

Los Botellontes

Nada en la naturaleza de los dioses carece de sentido, acaso tenga tantos que estos queden velados para los impíos y los inexpertos, que tienden a confundir el culto con la liturgia. Tal es el caso de los Botellontes cuya acumulación y granjerías, mal imitan las formas de los cultos mistéricos de Dioniso y entristecen el corazón de las Ménades y las Basárides, que moran el fondo. Hordas pubescentes de liviana faltriquera y limitada resignación, se reúnen en ágoras y vías públicas donde trasiegan la fermentación de la uva y de los cereales en cantidad ingente y en tiempo breve; adquieren sus provisiones allá donde el precio es menor sin atender a rituales y ceremonias. Hormónidas y Gominautas, alumnos de los distintos liceos, libertos fuera de servicio, doncellas, matronas y tropa de las milicias, confluyen en la liturgia de alterarse y confiar en posibles himenos, frecuentemente escasos. Machos dominantes y hembras dominables compiten en la originalidad de impedimentas y contorneos entre la vociferación y las estridencias, que tanto lamentan los cansados ciudadanos de la República que buscan el alivio en el sueño. El objeto de tan extendida práctica no es escalar en los peldaños de la conciencia, sino perderla para limitar el temor que les produce regresar solos a casa, sin otras manchas sobre la túnica que la del vino malo y mal bebido.
El camaleón que imita los colores de la rama no expele los aromas de sus hojas; ello es tan simple como cierto. Del complejo Panteón Heleno, pocos dioses han sido tan necesarios como Dioniso, a quien debemos los hombres la Liberación de la conciencia, la rotura de las tediosas normas y el amor por las higueras.