Nacidos en los periodos de bonanza en los ciclos de los hombres de hierro, aborrecen tanto del esfuerzo como del anonimato. De naturaleza amistosa y artera, ejercitan por norma la suplantación de cuanto valora el grupo en el que se incrustan. Maquillan su insipiencia con prodigiosa locuacidad y dominan el arte de la calculada indefensión, donde otro cambiará la herradura de su montura o proveerá el aceite para su lámpara, sin que quien realiza la labor la sienta como ajena o innecesaria.Los seres Especulares prosperan sin aportar y crecen enroscados al árbol que se eleva. Su sabio desconocimiento les lleva a profesar con devoción el atajo y ello les priva de la sabiduría que contiene el camino y de la profundidad que otorgan las jornadas de marcha. Reflejan la luz que otros emiten y tienden a venderla como propia; Laoconte los comparó con el caballo que arruinó el esplendor de Troya y observó el fenómeno que permite detectarlos: sea cual sea el líquido en que los sumerjan, flotan siempre.