Cuando el rigor de la canícula abrasa la epidermis o el invierno agarrota la garganta, es tiempo de acudir al físico y de atender sus remedios. Tan sencilla y eficaz solución, es puesta en riesgo por la legión de vecinos y conocidos que ejercen la ciencia de Esculapio con afición y vehemencia. Si el paciente no logra disimular su estado, si un cambio de la color delata en el ágora su salud comprometida, la estirpe optalidónica lo hará suyo y el enfermo bajará al Averno. Ajenos a los principios del fisicalismo, el indefenso paciente será sometido a remedios extraordinarios que la ciencia aun ignora; orines de yegua para cortar las fiebres, guardar bajo la almohada una alcachofa para evitar la apnea, ingerir ojos de carpa para soltar el vientre, aplicar en la nuca chicharrones para aliviar los dolores menstruales; su farmacopea rebosa de extensos tratamientos, capaces todos de convertir a la propia Deidamía en triste ruina humana. Algunos ciudadanos desafortunados han sufrido la agonía de ser diagnosticado por varios de ellos a la vez y ser expuesto a la concatenación de los distintos remedios; tal vez los Dioses también precisen de acudir al sueño o sea cierto que hay quien nace desprovisto de elemental fortuna.Los excesos de nuestra democracia impiden la lapidación de cualquier homicida que actuara movido por su buena voluntad; en ello encuentran amparo y nosotros absoluta indefensión. Esperamos de la República que corrija las leyes y que no falten piedras que llevarse a la mano.