
Molto è licito là, che qui non lece
a le nostre virtù, mercé del loco
fatto per proprio de l'umana spece.
Dante Alighieri, Divina Commedia PARADISO Canto I - 55-57
La vida es una broma formidable, pensó, a veces difícil de habitar, alguna vez deliciosa y siempre absurda. No tenía muy claro cual había sido la espoleta de tan extensas consideraciones, impropias de una mañana de domingo, pero estaban ahí como el sabor de la nicotina circunvalando la lengua después del primer paquete. Sentado en los párpados de la profundidad, trataba de no perder aquella luz brillante que se pega a enero, mientras por la pareja de los Harman Kardon del ordenador sonaba la pista 7 del quinto cd de la dudosa Edad de Oro del Pop Español, parcialmente redimido por el Alas de algodón de Vaina Doble.
Consideró la hipótesis de que la letra que se deslizaba por las voces de Gloria Van Aerssen y Carmen Santoja, pudiera haber recubierto de cisco de brasero y manchas de humedad sus latidos, pero descartó la relación de causa-efecto, soy absolutamente inmune a las pandemias de portería, se dijo y encendió un negro. Lo grandioso de ser un nihilista tan vital, es que se pueden afrontar los arcanos del todo y la nada sin mover una pestaña, pensó mientras descargaba de ceniza la brasa de su ducados. Pero le incomodaba enormemente la certeza de que algo había arañado la pintura de su indiferencia y el hecho de no dar con el agente causante de aquella desazón.
Coño, coño, se dijo, he estado aquí tantas veces que debiera plantearme ponerle cortinas al vacío para hacerlo mas transitable, aunque así también me vale. Recordó aquella noche en que devoró envuelto en una alarmante familiaridad El malogrado, de Thomas Bernhard, al que debía algunos recursos de estilo y una fraternal simpatía. Lo cierto era que una clara sensación de desperdicio acampaba en ese incómodo hueco donde otros tiene el alma, pensó y sabedor de que esa era una de aquellas claras jugadas que acaban en tablas, lanzó al reproductor del Windows Media el rosario de ficheros que contenían las Variaciones Goldberg de Bach grabadas por Glen Gould en el 55; por el mismo precio, se dijo, prefiero rebozarme por las dos caras. La mañana avanzaba hacia el rojo viscoso del Campari con sifón y los días hacia la espectacularidad de la floración de los frutales; todo era solo una cuestión de tiempo. ¿Quién sabe que esconde el mañana en sus esquinas?