domingo, 23 de mayo de 2010

Haiku 38º52' N / 6º58' O

En los brazos del ginkgo

he secado

tu sombra.

sábado, 22 de mayo de 2010

"Opíparo" 530 kilos.

Había dejado atrás a quienes fatigan por el aire a las banderas o saludan con mecheros a las bandas de rock; era su propio cielo e infierno, pensó, demasiado viejo para el deslumbramiento o las decepciones. Tiempo atrás hubiera arrancado los adoquines para recrecer la barricada, pero ahora su batalla no requería de extensas brigadas y de un himno común; cada pobre a su provincia y cada tonto a su baba, se dijo, y aquí me las den todas. Recordarla cuando estaba lejos parecía demoler las distancias y activar los agujeros de gusano que burlan al espacio-tiempo; haberme desnudado de ideales no me impide releer el Enrique V, del bueno de Bill Shakespeare, y embelesarme, arguyó, pero yo voy por libre, se dijo. Una hora de prensa digital le había vaciado con el más de lo mismo; listas de bote y tontos de salón, exégetas de los tiempos que corren, columnistas de pesebre, vigías del por allí resopla, correveidiles, correveicallas, los porqueyolovalgo y toda esa banda de las tan operadas que si cierran los ojos se les abre el culo y, claro, no paran de pestañear, se lamentó.

Quedó en su recuerdo la cogida de Aparicio en los San Isidro y ella recostada con las piernas desnudas; dos cosas de verdad entre tanto trampantojo, se dijo y apagó el Mac.

¡ Suerte, Julio!

lunes, 17 de mayo de 2010

Haiku 38º'52 N / 7º 09' O



Sobre el peldaño;
de negro y verde
en mi memoria.

13/05


Fumio Fujita (b. 1933)
A. 1967
Woodblock print
Image size: 10 1/2" x 15"
Paper size: 12 1/8" x 17 1/4"
Edition: 87/100
Signed: in pencil, F. Fujita

La jarra de vidrio rebosaba de hielo muy, muy viejo, picado a mano y en la pared exterior se estaba produciendo un prometedor punto de rocío. Añadió una cucharilla y media del café de Jamaica del que estaba bebiendo, sin azúcar, claro; Buñuel daba mucha importancia a la edad del hielo y al toque ácido del café y él era ahora un rendido converso a su receta. Llegó el momento de disfrutar la herejía, los más consagrado maestros siempre habían apostado por la número diez de Tanqueray, pero con una sonrisa abrió la botella de Hendrick’s y vació dos copas que llenarón su nariz del aroma a pepino holandés y pétalos de rosa de Bulgaria, sello que hace de esa ginebra escocesa algo tan especial; ello le permitiría eludir el aromatizar el trago con la cáscara de un limón o unas gotitas de pomelo. Volcó otra copa de vermut seco y movió la jarra con la parsimonia y devoción con a que los sacerdotes aclaran el cáliz tras la eucaristía. Una aceituna de Liguria ensartada en un palillo plano y su Dry Martini estaba listo para hacerlo saltar sobre el listón que contiene el tedio de los días.
Se sirvió la primera sin avergonzarse de cerrar los ojos al llevarla a la boca; aquello era redondo, profundo y seco. Felicidades querido, sé que tú eras de Gordons, pero esto se sale; ¡va por nosotros! pensó, mientras Sugarcane Harris iniciaba al violín los primeros compases de Crying. Blues del 70 para un dúo imposible, pensó. De haber estado aquí tendría alguna cosa que contarte, se dijo, pero ya ves, tendré que beberme la tuya para que yo y tu recuerdo se bañen en el río (Heráclito y Parménides, ya sabes).