Creo haber trasegado todo aquello que tuviera la extraordinaria cualidad de trastocar la conciencia y modificar el enfoque de los planos; a fin de cuentas era mi vida. A los dieciséis años descubrí que media botella de Dimple ofrecía una nueva percepción del Both Sides, Now de Joni Michells, que solía presidir las tardes de lectura en Casadios, chalet que amenazaba ruina y propiciaba cambios en aquella adolescencia que no tuve. Nunca he sido un devoto de los whiskeys de mezcla, pero en aquella botella debían residir amables genios y acepté su regalo. El quinto corte de la cara B de Clouds era perfecto, podía ser el protagonista de aquellos silencios reverenciales con que paladeábamos un trabajo bien hecho o situarse en ese segundo plano en que uno se entregaba a Melville, a Pessoa o a trazar las profundas diferencias en la morfología que establece el género.
Disculpa el circunloquio, no pretendía extenderme en la discutible biografía de otro de tantos que persigue a el dragón; mis pulgares añoraban el arco de tus pies y una cosa ha llevado a la otra, eso era todo.