Hoy he leído del obituario del País que George David Weiss había fallecido por causas naturales, ello ha movido mi emoción hacia la tristeza de lo irreparable; respetaba su exquisito trabajo, especialmente su legendario tema "What a Wonderful World" que en 1967 grabara mi venerado Hermano Louis Amstrong, descansen los dos en paz. No me cuesta admitir que abundo en los que consideran que mundo y maravilloso son una contradictio in terminis, una aporía, que reconozco tan luminosa como inútil; el universo carece de todo sentimiento.
Maravilla es el hecho o cosa que causa asombro y admiración, para unos pueden ser los 477 CV del Aston Martin DB9; o las piernas de Melanie (ahora de Antonio Banderas); o la voz de la Callas, como para mi lo son la incompresible anatomía de rinocerontes y baobabs o sospecharte desnuda bajo el lienzo de hilo de una sábana blanca. La arquitectura de mi asombro es de una altura diminuta (otra aporía) pero intensa y suficiente; hoy habrá de llenarla la luna de agosto y la memoria azul del agave en un vaso de tequila.