domingo, 12 de septiembre de 2010

Diablito

En la vuelta de una falda escocesa, en el espacio abierto bajo el discutible imperdible, caben todas las combinaciones, pensó, lugar adecuado para acortar las respuestas del examen o aumentar las dudas, todas, cuando no sabes si se juega de farol; en esa doble capa del paño, es donde uno se planta de rodillas y afronta los albures de una larga cambiada a porta gayola.

¡Ummmm!, suspiró, adoro los tartanes de viscosa, especialmente los Burberry de fondo negro y tres rayas blancas y grises, pensó; el verano, siempre tan ordinario, declinaba y en breve una razonable elegancia volvería a las calles, tomadas aun por tanta carnaza y axilas. El retorno de las Pléyades y el inicio de las noches con cierzo le llenaban de un infundado optimismo.

A la última botella de Diablito que se había traído de Oaxaca, le quedaba justo tres copas, así que decidió jubilarla en un aquí y ahora; se sirvió la primera y para acompañarla como se merecía un tequila tan excelente puso el “Esta vida” de Jorge Celedón a un volumen al límite de lo razonable.

Celedón y un trago serio y seco tienen el efecto secundario de poner en segundo plano cualquier otra cosa, al anular la capacidad intelectual de concatenar los juicio lógicos, pero otorga la ventaja de contener los resortes que liberan a la euforia, quid pro quo, sentenció y mientras seguía los compases con el pie unió su voz al coro que atacaba el estribillo.

Ay que bonita es esta vida

Aunque a veces duela tanto

Y a pesar de los pesares siempre hay alguien nos quiere

Siempre hay alguien que nos cuida

Aya yayay...que bonita es esta vida

Y aunque no sea para siempre

Si la vivo con mi gente

Es bonita hasta la muerte con aguardiente y tequila