
Hoy he sabido, hermano, que has hallado la puerta oculta en los cantos del espejo; te has ido sin decir que te marchabas, sin hacerlo notar, sin aspavientos. Trataré de evitar el trasladarte a la amarga dulzura del recuerdo o dejar que se sequen tus latidos. Voy a echarte de menos.
Me viene grande el traje del vacío, el folio en blanco, la terca convicción de que no volveremos a hablar de nuestras cosas ni a levantar un vaso; quererte ha sido fácil, compañero.