Saber lo no sabía le causaba un orgullo legítimo, ya que ayudaba al trazado de metas y al establecimiento de la logística requerida para la búsqueda del conocimiento. Pocos objetivos resisten ser contrastados con aquello verdaderamente necesario; siendo sincero, pensó, la vida se te va en la insípida persecución de lo prescindible, de todo aquello que en realidad no necesitas, que te acaba aburriendo como un rompecabezas ya resuelto. Era tiempo de subir un peldaño y dejar atrás, sin despedirse, a quienes habían decido edificar en el estrecho escalón del que se iba. Adiós, colegas, sé que en el fondo no os echaré de menos; cerró esa puerta.
Desinstalar los enlaces en desuso resulta tan tedioso como inevitable, especialmente cuando la desconexión es civilizada y unidireccional, una de esas tareas que ya realizadas mejoran la arquitectura cotidiana; ello hace que valga la pena. Había decidido aplicar de manera militante el Principio de parsimonia a los anclajes de su mundo, no porque permitiera la verificación necesaria o el establecimiento de las grandes certezas, sino porque le resultaba suficiente y permitía ahorrar considerables caudales de un tiempo que ahora quería dedicarse. Ya no pretendía tener la razón, sino habitar la suya; había logrado disociarse de producir complacencia.
La ceremonia era como eliminar mediante larvas de mosca el tejido muerto en una herida abierta; más allá de consideraciones plásticas resultaba de todo punto eficaz. Recuerdos carentes de latido; manojos de llaves sin una puerta cierta; la lista de los libros que no habrán de devolverme; fechas que no trasladaré a otros calendarios. Vaya, vaya - se dijo - y parecía nada.
El espacio recuperado era valioso y estaba formidablemente vacío; producía esa euforia que nos lleva a mover todos los muebles para poder reconciliarnos con la vieja habitación. Volverá llenarse, pensó, pero seré más cuidadoso, o al menos más preciso. Cuando terminó de sacar brillo a la cera, abrió una botella de pinau noire de Castillo de Monjardín y puso una joyita de la Columbia Records del año 76, donde bajo el violín de Scarlet Rivera y los coros de Emmylou Harris estaban las estrofas:
…Time is an ocean but it ends at the shore
You may not see me tomorrow.
Oh, Sister Desire Bob Dylan