jueves, 9 de junio de 2011

Cirros


La de hoy era una mañana atada al alba por suaves cirros largos; otra noche ajena a las almohadas, que fatigo menos menos con la edad. En esas horas sin luz tras las ventanas, he envidiado los 38 años de lucidez de Thomas Wolfe a través de su “Del tiempo y del río” al que acudo puntual cuando las novedades editoriales no atrapan mi atención; he bajado dos dedos a la botella de Courvoisier XO Imperial y he entregado a Roger Eno el espacio del salón para sus Voices. Nunca he dormido gran cosa, pero ahora me parece un desperdicio prescindible.
Hace un par de noches dejé a J.S. Bach que sus Seis Suites a Violoncello Solo senza Basso BWV 1007-1012 forjaran diferencias entre Pau Casals, Mstislav Rostropovich, Yo-Yo Ma, Anner Bylsma y Janos Sterker; un Strad, un Doménico Montagna, crin, arce y abeto para esas horas largas en que uno es lo que es, sin molestar a nadie. Como en los evangelios de Mateo, Lucas y Marcos eran tan patentes las afinidades como evidentes las diferencias. Anner Bylsma tenía la mano derecha de Casals y la izquierda de Rostropovich, por ello sonó dos veces.
Si la vida no me abrevia tengo en proyecto llegar a la Arcadia de dormir solo una noche de cada dos; ello me excluirá de la nómina de los hombres centenarios, pero habrá valido la pena. Mi biblioteca abarca unas cuantas habitaciones y tengo a orgullo saber que entre tantos anaqueles no hay libro que me resulte ajeno. Años atrás me desasosegaba mi reticencia hacia las novedades editoriales; había detectado una evidente tendencia a evitar las páginas con que celebraba la crítica literaria la incipiente obra de autores noveles; ahora, liberado de alcanzar la erudición que exhiben los sabios y los contertulios, releo y me asombro alejado de todo sonrojo. De lo editado desde que cambió el milenio he leído solo Cruising Paradise de Sam Shepard, cuyas Motel Chronicles me permitieron entender el país, cuando vivía en Estados Unidos; a cambio he podido abarcar a los logógrafos anteriores a Tucídides cuya Historia de la guerra del Peloponeso, editada por Gredos, me ha devuelto a Cavafis.