miércoles, 20 de julio de 2011

18/07/2011


Fosa común con los cuerpos de republicanos pasados por las armas sin juicio alguno. El esqueleto en primer término presenta las manos atadas con alambre. Foto Julián Rojo


Los grandes hombres de hoy son diminutos, visualizar sus exiguas dimensiones requiere de potentes microscopios. En otros tiempos era posible habitar entre gigantes como ahora lo hacemos entre enanos, la compleja diferencia de esta escala menor es que quedamos a pleno sol, sin una sombra amiga que evite el abrasarnos. Aludo a ambos términos fuera de su contexto en los sistemas métricos, no en los extremos de la talla media de una especie sino de la estatura histórica de sus individuos. Sé que no precisabas de esta aclaración.
Definir “gigante” requiere solo de alguno de los nombres de esta especie; Sócrates, Leonardo, Newton, o Darwing, o Alice Paul, o Clara Campoamor. Definir “enanito” por igual procedimiento excede la extensión de la red.
Don José Bono, presidente del Congreso de los diputados, es un enano, un enano que se cree cíclope, y por ello es un enano gigantesco. Pastorea un rebaño donde predominan los seres diminutos porque el imperativo legal que ellos ejercen impide la elección de gigantes; los enanos aman las listas cerradas para que todos en el aprisco presenten una talla similar en altura; el perímetro de su volumen principal no está limitado a ninguna medida. Don José es uno de esos seres pequeñitos que aspiran a ser un patrón de medida, un reflejo del Rey Sol a escala 1:300
A Don José, le preocupa que en el aprisco no se vista corbata, sabedor de que dios, su dios, viste de Zegna y, a fin de cuentas, estamos hechos a su imagen y semejanza. Entiende que todos ellos deben dar ejemplo a los trabajadores, que deberán ignoran la asimetría en los emolumentos, prebendas y futuras pensiones.
Don José, aupado sobre su ego, cree atisbar que lo que nos preocupa a quienes pagamos el costo de la Pasarela Congreso es como visten, no como eluden encauzar nuestra historia. 75 años después de que un enanito genocida secuestrara la legitimidad de las urnas, Don José evita que nuestro Congreso condene aquél golpe de estado. Tal vez, como la extensa bancada de la derecha, ignore que ya no pretendemos juzgar a los franquistas sino al franquismo. Otra ocasión perdida, Don José, y esta era de oro; a 75 años de aquella barbarie la mayoría de sus protagonistas están en la solemnidad de un panteón o en vergonzosas cunetas. Era, Excelentísimo, un momento perfecto para que los vivos desenterráramos a los muertos para devolverlos a la tierra con cierta dignidad y pudiéramos finalmente descansar todos un poco. Pero no será por usted ni por el cúmulo de enanos gigantescos a quienes hacer justicia y llamar pan al pan tanto incomoda.
Para su fortuna, la Real Academia de la Historia ha acreditado una capacidad indecorosa en el estiramiento de quienes presentan un talla muy, muy corta; será sin duda allí donde encabece la nómina de los Hombres de altura. Para mí usted es ahora solo una gigantesca decepción.

lunes, 18 de julio de 2011

04:22

En el balcón, de pie,

bajo la noche abierta

descifro lo que ampara

la ausencia de mi sombra.

Haiku 42º27' N / 2º26' O

Textura:
en cada luz
su sombra.

domingo, 17 de julio de 2011

Todos para uno

Josetxo y yo en el 74 fotografiados por Aurora

A veces quedo con todos los yo que he sido y, entre una copa y otra, nos ponemos al día de cómo va la cosa; es una ceremonia pintoresca donde los viejos nos reímos de los jóvenes mientras ellos se quejan del esfuerzo que hicieron, para nada, y escupen por el colmillo eficaces venenos. Recuerda a aquellas reuniones de ex-alumnos donde el que era el más tonto llega en Rolls y el listo de clase viene en bici. Y en el inevitable carrusel de los ¿qué fue de…?y ¿qué pasó con…? repasamos las luces y las sombras de los dientes de la sierra que, año tras año, han ido mutilando aquel cuerpo común del que todos usamos sin poner ninguna restricción. A todos nos cuesta reconocer entre los jirones impresentables que ahora exhibo la magnífica intendencia que en la partida nutría la mochila; ello provoca encendidos debates y el cruce de dedos que señalan culpables que siempre son el mismo, el viejo y cínico yo, que paga las copas y todos los platos que solemos romper.

Alguna vez, cuando los harapos de las banderas quedan velados por sombras oportunas, la reunión enlaza los eslabones solidarios de repasar los éxitos que creemos propios o aquellos recuerdos que la acidez del tiempo no han convertido en una insufrible salmuera que sobresaliva a una lengua que aún mantiene cierta dosis de ternura. La maravillosa arquitectura de otros cuerpos queridos pasa de mano en mano con respeto absoluto; los aromas y los olores de nariz en nariz; los sabores de boca en boca y todas las lágrimas se derraman a la vez, sincera y solemnemente.

Luego renovamos nuestro voto sagrado de volver a reunirnos, del uno para todos, del aquí vamos todos en el mismo barco, del ha sido un privilegio haberte sido; cuando todos se levantan siento el alivio del anfitrión que se ve ya rebasado. Los acompaño hasta la puerta y los despido con la alegría que precede a sentidas añoranzas; luego pago las copas y sonrío mientras mususito en baja voz un “angelicos”.

domingo, 10 de julio de 2011

Homero

Bajo los párpados hilvano de memoria

cada detalle de ti que he atesorado,

sin atender al orden.

Enhebro las voces y los brillos

para darle textura a las puntadas

en que se trenzan las horas valiosas;

sabría hacerlo ciego.

sábado, 9 de julio de 2011

Starlight Over Rhone

Vincent Van Gogh Starlight Over Rhone 1888

Pensaba en ti, como tantas noches. En el lienzo sereno que precede al alba de una ciudad vacía, pensaba en ti, a la abstracta manera de quien se ensoña mecido en una copa inmensa de cogñac, sin una dirección concreta, latido a latido, libre de mi y de ti; sin otro rumbo que acunarme en saberte dormida.


All Time Greatest Hits

Mi cabeza habitaba el espacio abierto desde tu cadera a las costillas del costado izquierdo; los dos estábamos exquisitamente cómodos. La versión del Moon River grabada por Louis Armstrong acunaba mi convencimiento de que algunas versiones alcanzan una altura inabarcable. El ritmo de New Orleans Stomp descontroló mis pies y nuestro plácido equilibrio se vio seriamente amenazado así que aproveché para acercarme el cenicero y encender un ducados. El Only You nos devolvió a la quietud de mi nuca en tu vientre y tu mano en mi pelo. Me quedé mirando nuestros relojes puestos a salvo del caos de la habitación en el hueco de uno de mis zapatos y pensé ¿cómo coño puedes ser tan ordenada?