domingo, 18 de marzo de 2012

I have no way of knowing

Eran los tiempos en que le soltábamos la blusa a cada tarde, ojal tras ojal, de arriba a abajo. Convencidos de que todo riesgo era salvable o que la Mercromina™ tenía ese punto homérico que otorga cierta belleza a las postillas, prescindimos del comodín en la baraja y entramos en la timba sin siquiera santiguarnos. Eran los días que traían cosida la etiqueta de hecho a mano y a palmos. Solo una vez en la vida se descubre a Van Gogh, a Borges, a Buñuel, a Mishima; solo por ello valía la pena haber tenido que nacer.

En 1966 Robin Williamson, Mike Heron y Clive Palmer grabaron The Incredible String Band, eponimo de la banda y título de su primer álbum. Yo lo importé de Inglaterra en 1971 y cuarenta años más tarde su fuente aun mana y yo bebo de ella.

Es un LP rotundo que encofra diez y seis piezas, ocho por cara, todas ellas del todo diferentes; inmensos nimbos de aquel cielo de finales de los sesenta. La segunda canción de la cara A, October song (4:09) fue algo más que la tarjeta de visita de R. W.; encerrada entre aquella letra luminosa hallé esta estrofa que siempre ha estado enredada entre mis dedos:

I met a man whose name was Time,

And he said, "I must be going,"

But just how long that was,

I have no way of knowing

Conocí a un hombre cuyo nombre era Tiempo / y él dijo: "Tengo que irme" / pero cuanto duró eso / no tengo forma de saberlo.