domingo, 18 de marzo de 2012

Send in the Clowns


Cuando el trapecista no alcanzaba la barra del columpio o una fiera recordaba su origen al cuerpo de un domador, el director de pista susurraba el ”que salgan los payasos” y el absurdo y las piruetas desviaban de la sangre la atención de los públicos. Mi cerebro carece de aquellos recursos; cuando se incendia no hay brigada de bomberos que apague las hogueras. Funciona de forma independiente, ajeno a la brida y las espuelas de mi propia voluntad; luces y sonidos polinizan mis recuerdos y éstos florecen sin atender a estaciones ni climas. No recuerdo una edad de mis días ausente de tan sorprendentes detonaciones.
Por razones que no sabría trasladar a la caligrafía, he decidido elevar la altura de las llamas añadiendo gasolina a un fuego ya crecido y para sumar octanaje al combustible, he entregado al plato del tocadiscos el Nightbird live at Ronnie Scott’s (6 de junio de 1986) y he dejado la aguja directamente sobre la pista 9 “Send in the Clowns”.
Desde que Stehen Sondhaim la compusiera en el 73 para el musical A Little Nitgh Music, Send in the Clowns es una de las baladas más y mejor versionadas: Judy Collins; David Swanson; Gary Kline; Sarah Vaughan; Roger Whittaker; Plácido Domingo; Bing Crosby; Rosemary Cloony; José Carreras; Sharon Campbell; Catherina Zeta-Jones; Barbra Streisand o Frank Sinatra la han comprimido y estirado hasta adaptarla a sus registros. A mi me mueven todas, pero guardo un asiento especial en el sofá de mi recuerdo para la versión establecida en Nightbird live at Ronnie Scott’s .
El piano de Michael Grailler y el esplendido bajo de Ricardo del Fra abren la puerta a la voz de un Van Morrison con un registro extraño y a los destellos de la trompeta de Chet Baker; ese es el calibre que me desarbola como elefante. El resto pertenece a la química de las combustiones y a las rachas de viento; julio sobre la costa de Zarautz, la luz naranja en el interior de una de esas incomprensibles tiendas de campista, las finas rayas rojas sobre el blanco de tu bikini, el inevitable claroscuro de las pieles y una decidida voluntad de impedir que salgan los payasos porque para un hombre de circo, el accidente es honorable y las cicatrices un biografía tan real como profunda.
Siempre he pensado que en este tema Baker debiera haberse hecho cargo de la voz y Morrison del saxo, pero esa es otra historia.