miércoles, 11 de abril de 2012

The Father of Loud



Alvin Lee fotografiado por Jacky Mountaillier


El 25 de agosto de 1486 Õta Dõkan Sukenaga, poeta, samurai, arquitecto y monje budista, fue ejecutado acusado falsamente de traición; en los instantes previos al final compuso su famoso poema de despedida:
Kakaru toki
sakoso inochi no
oshikarame
kanete nakimi to
omoishirazuba

De no haber sabido/ que ya estaba/ muerto/ habría lamentado/ perder la vida.

El 5 de abril la edición digital de The Guardian anunciaba ”Jim Marshall, creator of the Marshall amp, dies aged 88”. Él sabía que se iba porque había perdido su batalla contra el cáncer; a nosotros nos queda el lamentarlo.

Quien ama la música no suele sustraerse al conocimiento de los fabricantes del utillaje que la hace posible y que no son siempre la obra de un luthier o un maestro en los metales o un ebanista. Las variaciones Golberg (BWV 988) de J.S. Bach están unidas a Glenn Gould y a Steinway & sons como la música barroca para flauta abraza a Jean Pierre Rampal y Henry Selmer o las interpretaciones de uno de los más grandes violinistas a sus dos Stradivarius (el Boissier de 1713 y el Sarasate de 1724). Sin la inspiración de Jim Marshall y Dudley Craven no hubiera sido posible la mayoría de la música que atesoro o, al menos, aquella de guitarras y bajos que requieren de un muro de sonido potente, preciso e impecable. Una Strato, una Les Paul, una Rickenbacker o un Fender Jazz Bass fretless sin amplificar es como una película de Tarzán sin banda de sonido. Y como en todo, hay muchos amplificadores, pero un Mesa Boogie, un Soldano o un Marshall son aquellos que coronan la copa de ese árbol.
Confieso que aunque mi relación con la muerte ha sido siempre serena y aceptada, me entristece la partida de los otros, la contundencia irreversible de que larguen amarras aquellos con un nombre propio que no me ha sido ajeno. Dilatarse en el tiempo hace más frecuente el íntimo encuentro con las formas de la pena. Poco a poco uno asiste al lógico despoblamiento de quienes formaron parte de los mundos propios; el 21 de marzo del 91 Leo Fender ensombreció la primavera y el 13 de agosto de 2009 murió Les Paul; me resisto a revisar con rigor esa lista que sé penosamente extensa.
Una de las vías a la trascendencia es concitar la atención de los demás, ello no requiere de estar vivo; mientras alguien lea La rosa de Paracelso o escuche Birth of the Cool Jorge Luis Borges y Miles Davis sortearán el olvido. Amparado en estos argumentos he sacado el vinilo de Ten Years After Ssssh y pinchado el I Woke Up This Morning donde la voz de la Big Red (Gibson ES-335 del 58 con una reconfiguración de 2 PAF Humbuckers sin las tapas /1 Fender pickup siglecoil /3 way Switch) de Alvin Lee se levanta desde un Marshall 1959-SLP. Han pasado 43 años desde que Alvin Lee, Leo Lyons, Chick Cruchill y Rick Lee la grabaran y sigue siendo memorable; ha sido un a modo de sentido homenaje para El padre del ruido en otro intento fracasado de sentirme mejor.