No resulta fácil aceptarlo, pero lo
cierto es que te has ido; que era algo cada vez más probable no lo ha hecho menos
doloroso. Admiro tu coraje; otros habrían vendido la pena por quintales en la
barra libre abierta a todo aquel que grita que se va. Abundan quienes te echan encima cualquier desbarajuste
en su mundo diminuto y tratan de convertirlo en el epicentro de los rituales de
su tribu; tú has sido más sabia y ahora es tarde para poder agradecerlo.
Pensaba en que habiendo ejercido un oficio común
habitábamos los extremos de la
cuerda; tú cultivabas las relaciones con la eficacia del jardinero, yo me dejo
querer sin que me preocupe quedar mal; tú abrazabas a todos, yo soy hábil
dando coces; tú vivías rezumando entusiasmo, yo soy un cínico que a veces se
emociona y trata de negarlo; sé que en el fondo estarías de acuerdo porque a ti
también te tocó sufrirlo. En el
sinsentido de tener que ser tú eras chica buena y yo chico malo pero los dos
conocíamos al otro y de ello brota respeto. Nos unía la vehemencia que nos separaba
y el empecinamiento por negar al olvido los mundos que se mecen en las
fotografías. Ahora habrá quien te sitúe en lo intangible de los paraísos de
quienes quieren creer; yo te echaré de menos entre las placas de vidrio o en lo
amarillo de tantas albúminas. Me ha alegrado comprobar que al irte has desatado en
tantos la tristeza.