Para muchos la contradicción es la ola sobre la que cabalgan los cambios; para mi es una forma de vida de la que no sé, ni quiero, salir. Inevitablemente mis filias y mis fobias pueden estar protagonizadas por el mismo suceso, corriente o individuo, de tal forma que son extrañas las personas o circunstancias en las que no halle motivos para su odio y admiración. Un ejemplo sangrante de esta forma de bipolaridad son mis sentimientos hacia Ippolito Aldobrandini (1536-1605), mas conocido por el nombre artístico de Clemente VIII, 231º Papa de la iglesia católica (1592-1605).
Este oscuro individuo llevo a la hoguera el 17 de febrero de 1600 al luminoso ex-dominico Giordano Bruno (1548-1600), porque su vía para llegar a Dios era la sabiduría, que no precisa de propulsarse en la fe. Ippolito segó la vida preciosa del padre de la revolución científica que ha devuelto el Génesis a los anaqueles de las obras de ficción; solo por ello debiera residir en el amplio territorio de mis fobias. El mismo año en que el astrónomo fue reducido a cenizas, el café fue presentado al Papa para que desde su autoridad prohibiera su uso; Clemete VIII defendió su excelencia y beberlo quedó exento de cualquier pena a enjuagar eternamente en los infiernos. Ello le otorga cierta redención y lo sitúa en las crestas de mi bipolaridad.