martes, 8 de diciembre de 2009

¿Quosque Tandem?



Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

martes, 17 de noviembre de 2009

Marcos 9:42


El mismo año que los confusos cálculos de Cristoforo Colombo (1451-1506) ampliaron los límites de la cartografía, Leonardo (1452-1519) anotó en su dibujo El Hombre de Vitrubio el canon de las proporciones humanas. El mundo se extendió en un continente y el hombre sirvió como medida de todas las cosas; Renacimiento, del hombre y de los mundos del hombre tras los lamentos de la edad media y de dios y los mundos de dios.
De todos los seres sintientes, solo los humanos construimos paradigmas basados en los dioses; del Deus vult (Dios lo quiere) de la primera cruzada a Caudillo de España por la gracia de Dios o del Dieu et mon droit, lema de la casa real británica al Gott Mit Uns (Dios con Nosotros) leyenda que decoraba el cinturón del ejército nazi, según diseño de Richard Sieper & Sohne Ludenscheid; esa unión no siempre ha sido luminosa.

Bendicto XVI, nombre artístico de Joseph Alois Ratzinger (1927) acaba de negar que el uso del preservativo sirva para limitar el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida; ello es en sí, una depravación. Que el pastor de una iglesia afirme que el condón no debe ser usado por sus fieles, porque la doctrina que ellos abrazan limita la relación sexual a la procreación, es respetable; la libertad religiosa es un derecho inalienable y quien precisa del consuelo divino debe admitir los límites que ese vínculo establece. Que los argumentos teológicos pretendan sustituir a los científicos y que con ello contribuyan a extender una pandemia es genocida. Sé de lo que hablo porque ello me ha arrancado las más amargas lágrimas; me aterra pensar que un hombre culto cuadre sus matemáticas en los albores del S. XXI con argumentos del XIII; aumenta mi pavor que negar el holocausto que orquestaron los nazis sea delito en algunos países y que hacer peligrar la vida de millones de seres no sea siquiera una opinión punible.

Leí de Marcos 9:42 “Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen a la mar.” y me pregunto ¿y a quien no les evite arriesgarse a morir?

lunes, 16 de noviembre de 2009

B/W


A la pregunta de ¿qué sentido tiene la vida? nunca le encontró respuesta; a fin de cuentas había tenido que vivir más rápidamente de lo que permite el ponerse a pensar y a los 14 ya estaba muerto.
Su historia, breve, no difería de la de tantos otros que nacen donde no quieren vivir y viven en una huida permanente, de la nada a la nada. No tuvo tiempo de entender a su familia, a su pueblo o a su dios; a esas edades ni si quiera la hambruna es del todo precisa, especialmente sin otro referente que poder contrastar. Nació donde y como le fue dado y nunca conoció otra cosa; sin lluvia, polvo, con lluvia, barro y siempre un eco sordo en el abdomen que otros someten al comer; algunos hasta tres veces al día, lejos, muy lejos de su mundo.
Una mañana cualquiera en que las moscas trataban de sorber la escasa humedad de sus lacrimales, una bala calibre 7,62 le separó el occipital del resto de su cráneo. Hombres del mismo color, armados con la variante china de 1956 del AK-47, masacraron el campamento donde sobrevivía; a la caída de la tarde 987 seres habían dejado de ser humanos y se apilaban como fardos sanguinolentos sobre el polvo rojizo de una tierra rica en óxido de hierro y en instrumentos de cuerda. No supo que ser el primero en morir fue la única muestra de fortuna que le deparó el destino en toda su corta vida; del resto, muchos conjugaron todos los tiempos del verbo sufrir con ignominia antes de abandonar las esferas del sentimiento.
Ocho días más tarde un fotógrafo free-lance dirigió su fotómetro Sekonic L-398 hacia lo que quedaba de su rostro reseco, seleccionó la velocidad de obturación 1/250 de su Nikon F2-R, abrió 1 punto y 2/3 sobre el diafragma propuesto por el cálculo de exposición para garantizar el detalle en las sombras, enfocó su Nikkor 85mm f 1.4 AI-S y trasladó a la Kodak Plus-X Pan ISO 125/22º sus despojos, que le valdrían un Wold Press Photo y cuidadas exposiciones copiadas sobre 50x60 Ilford Gallery nº 2 brillo.
Una noche, en que tras una inauguración Neoyorkina pasada de José Cuervo, cayó sobre la cama del hotel sin sacarse la ropa, soñó que todos los muertos que había fotografiado estaban representados por la VEGAB (Visual Entidad de Gestión de Anónimos Balaceados) y que reclamaban sus derechos de imagen, la copropiedad de premios y beneficios; el presidente, que no tenía catorce años, anunciaba pleitos de proporciones laocónticas y el establecimiento de acciones judiciales a nivel internacional que alcanzarían a todo el gremio de artistas de la guerra, galerías y editoriales.
Lo realmente terrible de los sueños es que están construidos fuera de toda regla, y por ello, todo resultaba contundentemente verosímil. Negociar con quienes ponían la carne en los conflictos parecía tener cierto sentido y, en su confuso sueño el –Todo se arreglará, denme unos días- parecía cuanto menos difícil. Una joven musulmana bosnia le espetaba en la cara que solo un hijo de puta como él podía haber hecho 15.000$ con aquella foto en que se la veía desnuda de cintura para abajo, con los muslos chorreando una sangre gris zona tres y con una bala en el ojo. Él aducía haber obrado como notario de la barbarie ante el acomodado primer mundo y no como un jodido cuervo –Yo he sido quien te ha rescatado del olvido, quien ha espoleado la conciencia de gente bienpensante- Ya, claro ¿y que hacía mi dolor en una sala del MOMA?¿Por qué se servían canapés entre los registros de nuestras muertes horrorosas?- Bueno, yo, en fin así son allí las cosas- ¿Cómo puede nadie sumar mis despojos a sus Stieglitz o sus Man Ray?- decía en amhárico un anciano etiope cuya progenie, como él, no pudo superar la última sequía – Joder, esto es de locos, yo soy un artista reconocido, mi trabajo es muy valorado por los mejores coleccionistas- Bueno, lo hecho hecho está, centrémonos en aclarar los aspectos económicos y en establecer un rígido protocolo que corte en seco esta flagrante desproporción en el reparto de los ingresos y de los honores- dijo el joven presidente mientras abría un descomunal maletín, lleno de detallados y voluminosos contratos.
En su sueño, el premiado fotógrafo no encontraba su móvil, por lo que establecer contacto con su abogado y su representante era inviable; asustado por su manifiesta incapacidad legal, suplicaba retrasar los acuerdos unos días razonables, ya que el problema afectaba a un vasto número de profesionales. Aquello se estaba poniendo cada vez más espeso y ya no sabía que argüir; sintió una cierta vergüenza al ver como se desplomaban sus argumentos entre el peso incontestable de tanto muerto y tanto dolor. Allí estaban todos los cadáveres que habían hecho famosos sus encuadres y él no lograba decir nada que aliviara a quienes ni siquiera retenían un nombre.

Lo despertó el servicio de habitaciones con el carrito del desayuno, la rosa y los periódicos de la mañana. Ya no bebe tequila.

jueves, 23 de julio de 2009

La Egoyomaquia

Las ciudades-estado de esta tierra sabia, han hecho de la arquitectura la inmensa ciencia y la patria del arte. Nuestros templos y palacios elevan al hombre a la altura que los Dioses les han deparado. Desde la niñez, primero las matronas y luego los liceos, enseñan a cultivar el asombro y el respeto por las piedras solemnes que son el emblema común. En los tiempos recientes, execrables criminales han amenazado la integridad del legado de las generaciones con su absoluto desdén a nuestra herencia; avergüenza confesar que no son de bárbara procedencia, nacidos en remotos confines, sino que habitan entre nosotros porque entre nosotros los parieron sus madres.
Su personalidad endeble les obliga al egostismo, gravando sobre los sagrados sillares, incompresibles pseudónimos bajo los que ocultan el nombre de sus familias; en los fustes de columnas del peristilo, en las paredes del templo, incluso en las lápidas que honran a los que cayeron por preservarnos, la impía marca de sus punzones nos hieren a todos.
No hay en su conducta remotas enseñanzas aun no desveladas o profundos significados que no somos capaces de intuir, incluso en la severa Esparta, la trasgresión orientada al crecimiento de los ciudadanos puede ser tomada en consideración; no, tras las escarificación del mármol venerable solo se oculta el ego de seres diminutos y cobardes, que creen que su yo vale más que el nosotros y son el pródromo de una peste fatal. En esta guerra todos somos hoplitas, contra los egoyomantes, cada ciudadano formará en la falange porque la memoria del Peloponeso está por encima de cualquier arrogancia.

Optalidón o los físicos ágrafos.

Cuando el rigor de la canícula abrasa la epidermis o el invierno agarrota la garganta, es tiempo de acudir al físico y de atender sus remedios. Tan sencilla y eficaz solución, es puesta en riesgo por la legión de vecinos y conocidos que ejercen la ciencia de Esculapio con afición y vehemencia. Si el paciente no logra disimular su estado, si un cambio de la color delata en el ágora su salud comprometida, la estirpe optalidónica lo hará suyo y el enfermo bajará al Averno. Ajenos a los principios del fisicalismo, el indefenso paciente será sometido a remedios extraordinarios que la ciencia aun ignora; orines de yegua para cortar las fiebres, guardar bajo la almohada una alcachofa para evitar la apnea, ingerir ojos de carpa para soltar el vientre, aplicar en la nuca chicharrones para aliviar los dolores menstruales; su farmacopea rebosa de extensos tratamientos, capaces todos de convertir a la propia Deidamía en triste ruina humana. Algunos ciudadanos desafortunados han sufrido la agonía de ser diagnosticado por varios de ellos a la vez y ser expuesto a la concatenación de los distintos remedios; tal vez los Dioses también precisen de acudir al sueño o sea cierto que hay quien nace desprovisto de elemental fortuna.
Los excesos de nuestra democracia impiden la lapidación de cualquier homicida que actuara movido por su buena voluntad; en ello encuentran amparo y nosotros absoluta indefensión. Esperamos de la República que corrija las leyes y que no falten piedras que llevarse a la mano.


Los Sentauros

Son seres mitad humano y mitad silla. Habitan las templadas regiones del sur, donde moran en grupo a la sombra de acacias e higueras. Dedican sus jornadas al examen profundo de asuntos numerosos, los Sentauros hacen exhaustivos seguimientos de los políticos de la República y de los éxitos de los atletas en los estadios; paladean el elegante paso de cualquier mujer y componen para ellas audaces rimas, no exentas de cierta picardía; trasiegan con ritmo alegre añosos vinos y frutos de la mar, tras lo cual se abandonan a largos periodos de silencio en que se diría que permanecen dormidos. Las Sentáurides prefieren dedicar su devoción a las fluctuaciones del afecto entre la aristocracia; a los cambios de fortuna de las gentes más célebres; a vigilar el celibato de las Vestales y a marcar los criterios que regirán el largo de las togas, ya que como es justa fama, están versadas en cualquiera de las materias; gustan de mantener una rítmica ingesta de rosquillas y hojaldres, hechos en casa y con productos que no pueden engordar; pese ello algunas llegan adquirir el volumen principal de una mesa camilla.
Sentauros y Sentáurides son apacibles y generosos, gustan de prestar ayuda al viajero y compartir sus alimentos con quien de ellos tenga necesidad, por lo que son amados de los Dioses.

Faetitas, aurigas del prodigio.

En los tiempos de Aquiles, los peligros mayores de las calzadas eran los que podían deparar infrecuentes bandidos o algún Titán eufórico por la ingesta de vino; aquella era de paz ha sucumbido bajo el estruendo de las bigas, las trigas y las cuadrigas, cuya temeridad impide que el polvo vuelva posarse manso sobre las piedras.
Los Faetitas son jóvenes aprendices de oficios con gran demanda: finos marmolistas, curtidores de pieles, alfareros, cortadores de teselas, mozos de cuadra; todos llenos de vida y dispuestos a apurarla de un sorbo, ya que a todos les une el morar en lo extremo. Lejos de atarse a la rutina de fundar casa y familia, dedican casi todos sus emolumentos a la compra y ulterior trasformación de un carro cualquiera en un meteoro digno del pasmo y de la admiración. Un Faetita es, por encima de todo, un modificador experto, un visionario: mitad mago, mitad herrero y siempre genio. Ellos mismos forjan las tremendas herraduras que anunciarán a leguas su llegada y ejecutan e instalan los utillajes del amejoramiento: bridas de Persia, más ligeras y firmes; ruedas egipcias de cuatro radios; pértigo de duras maderas que se cortan en el oriente; eje forjado en Damasco; pintado en sucesivas capas con pigmentos hititas y, sobre todo, con el espacio requerido para el tañimiento de buccina y de cornu, ya que escuchar vigorosas melodías mientras se levantan estelas de polvo, alegra el alma del penígero auriga.
Los Faetitas suelen ser gregarios y buscan de la mutua compañía, frecuentemente se concentran en gran número y admiran unos de otros la finura del oficio y la eficacia de las transformaciones. Los ciudadanos menos propensos a cualquiera de los excesos, suelen tener adversas opiniones sobre la belleza de los carros y la destreza de sus conductores; algunas matronas tienden a manifestar su pena por las voces del tiro de caballos, que sobrealimentados con piensos de gran energía, lejos de relinchar con gracejo rugen como alimañas. Los gerontes, avezados en el estruendo de la guerras, suelen referirse a ellos con la expresión “la hetaira que los parió”


lunes, 13 de julio de 2009

Los Botellontes

Nada en la naturaleza de los dioses carece de sentido, acaso tenga tantos que estos queden velados para los impíos y los inexpertos, que tienden a confundir el culto con la liturgia. Tal es el caso de los Botellontes cuya acumulación y granjerías, mal imitan las formas de los cultos mistéricos de Dioniso y entristecen el corazón de las Ménades y las Basárides, que moran el fondo. Hordas pubescentes de liviana faltriquera y limitada resignación, se reúnen en ágoras y vías públicas donde trasiegan la fermentación de la uva y de los cereales en cantidad ingente y en tiempo breve; adquieren sus provisiones allá donde el precio es menor sin atender a rituales y ceremonias. Hormónidas y Gominautas, alumnos de los distintos liceos, libertos fuera de servicio, doncellas, matronas y tropa de las milicias, confluyen en la liturgia de alterarse y confiar en posibles himenos, frecuentemente escasos. Machos dominantes y hembras dominables compiten en la originalidad de impedimentas y contorneos entre la vociferación y las estridencias, que tanto lamentan los cansados ciudadanos de la República que buscan el alivio en el sueño. El objeto de tan extendida práctica no es escalar en los peldaños de la conciencia, sino perderla para limitar el temor que les produce regresar solos a casa, sin otras manchas sobre la túnica que la del vino malo y mal bebido.
El camaleón que imita los colores de la rama no expele los aromas de sus hojas; ello es tan simple como cierto. Del complejo Panteón Heleno, pocos dioses han sido tan necesarios como Dioniso, a quien debemos los hombres la Liberación de la conciencia, la rotura de las tediosas normas y el amor por las higueras.

domingo, 12 de julio de 2009

Valparaíso I

Una noche es espacio demasiado breve para quienes trasladan al planisferio, los cuerpos que contiene la bóveda celeste; para otros es toda una vida. Los años han sosegado las alteraciones en los perfiles que provoca la evaporación del tiempo, aunque el corazón de mis recuerdos, que creo ahora libre de espejismos, puede que sea el mayor de todos.
En Valparaíso, los Andes se precipitan sobre el Pacífico y esa líquida frontera, telúrica y marina, sosiega el alma de los que logran doblar el cabo de Hornos, con la explosión de color de las fachadas y la firmeza de una tierra sólida y amable.
Llegué entrada la noche, la casa era amplia o, al menos, complicada. La habitación más grande albergaba a una decena de personas diferentemente eufonizadas por el alcohol; yo había batido en el Cinzano alguna de mis mejores marcas en el ya clásico intento de viajar al otro lado del espejo. Había tenido un par de altercados en la barra de un local y, por alguna abstracta razón, perdido un zapato. El exceso de bebida no me impedía disfrutar de la mar, que se recortaba en los rectángulos de cada ventana; estaba cansado y no tenía sueño; decliné las copas que me iban acercando y me centré en buscar un espacio donde la música se desdibujara y las bombillas no dolieran mis ojos. Hallé una habitación, una especie de estudio, con leves notas de óleo y trementina, dos inmensas ventanas abiertas a las olas y por donde entraba toda la luz de la noche, curiosa mezcla de algo luna y de una farola con lámpara de sodio. En una esquina, había una cama turca centenaria y una mesa camilla cubierta con una pieza de cretona; definitivamente iba ser mi habitación, trasmitía la serena paz de lo que está en desuso.
En ese incómodo territorio en que la borrachera se transforma en resaca, pensaba en ella de modo intermitente: pantalón marrón tabaco de pana, camisa negro humo, echarpe gris marengo, zapatos oscuros de tacón bajo, pelo largo, rizado, con bastante volumen, ojos marrón-verdoso y boca de mujer-mujer. Como tantas veces, volvía a preguntarme por qué grababa siempre la ropa en mis recuerdos cuando la tarima, que había estado trasladando los movimientos de los que bailaban en el salón, crujió a mis espaldas; antes de poder sobresaltarme vi su reflejo en la ventana. Le dije - cuida de mí esta noche -. Respondió – vine aquí hacerlo y lo sabes, déjate llevar -

Lieo, Liber Pater.

Los dos tenían compromisos libremente aceptados, tal vez por eso eran tan ajenos a cualquier atadura. Los dos llevaban media vida regresando a casa por propia voluntad, por el íntimo convencimiento de que querían hacerlo. Los dos sabían de quien habrían de recibir el último beso; no tenían previsto que fuera el uno del otro, por eso se abrazaban con el legítimo deseo de quienes saben que en las normas no habita la vida y que las excepciones vivifican el espíritu y componen los arpegios de la magia. Era de noche, sin haberlo buscado. Sobre la inmensa cama de un hotel aceptable, la boca no vagaba errática sobre la piel caliente, sino que se habría paso con la gulosidad de los que apuran el vaso con decidido deleite. Hadar las horas lentas con cada huella de los labios abiertos. Era la primera vez y estaba fuera de lugar pensar si habría otras. No ocurrió nada que el sol o la luna no hubieran presenciado, ni un solo poro de aquello escapó a las notas más altas de la perfecta intensidad. Al alba, enriquecidos por los rincones profundos de la existencia, volvieron a la boca del metro y a los límites que forja la cotidianidad, no la rutina.

sábado, 11 de julio de 2009

3:20

En los caminos de las ocho extremidades,
las luces de la noche y de la aurora.
La anónima estatura de la vida que late
del vidrio del balcón hasta tu almohada.

Las Hormónidas o las turbas vociferantes.

Cuando Cronos reinaba en los cielos, los Inmortales crearon la primera raza de hombres, y éstos eran de oro y de luz; a ellos siguieron los hombres de plata, y tras ellos, Zeus, creó a la tercera raza, que fue de bronce. La cuarta, que ascendió numerosos peldaños, fue la de los Héroes y Semidioses que alumbraron la épica, cuyos supervivientes siguen establecidos en la paz inalcanzable de las islas de los Bienaventurados. La quinta raza era solo de hierro y a ellos se les dio a sufrir todas las penas del día y de la noche. En el transcurso de los ciclos, la gleba nutridota alumbró los pálidos despojos que hoy transitan los mundos; las Hormónidas prosperan y los desiertos se dilatan.
Son de naturaleza femenina y edad breve, pueden pertenecer a cualquiera de las razas y habitar toda latitud; de niñas no siempre presentan signos de su ulterior trasformación.
Al llegar a la edad de su primera fertilidad, las Hormónidas mutan hacia las formas de la exageración; gustan de cuanto aquello ayude a hacerlas perceptibles y aborrecen de las artes y de la elaboración de todo juicio lógico. Tienden a vestir túnicas notablemente más justas que las que aconsejan sus contornos, sin importarles ofrecer a los peregrinos el agobio que acompaña a los ombligos longitudinales y los pliegues en cascada ceñida. Precisan de tal variedad de paños que descuidan la calidad de los lienzos y del cuidado ejercicio de las combinaciones. Su calzado y las formas de sus peinados abundan en las banderas de la propia identidad, aunque cuando caminan juntas parecen vestir todas la ropa del mismo liceo. Su arrogante timidez y su experta inexperiencia, les lleva a formar sólidos grupos y a desplazarse en tropel, todas diferentemente iguales y llamativas; es entonces cuando desarrollan la inquietante costumbre de elevar el tono de su voz, hasta que los lejanos leñadores pueden escuchar su profundo discurso; éste suele versar en los machos de su especie y en la proximidad de llenar los huecos con las protuberancias.
Los varones de este linaje, conocidos como Gominautas por los ungüentos que utilizan para empuntar sus cuidadosamente revueltos cabellos, gustan de entintar sus cuerpos con dibujos tribales y cultivar la musculatura con exageración; sienten un pavor ancestral a todo aquello que resulte pequeño, especialmente el tamaño y grosor del situado bajo el ónfalos, órgano motor del pensamiento.
Hormónidas y Gominautas están convencidos de ser el eje del universo y de que todo aquello que precisan, debe ser inmediatamente provisto por sus progenitores, que nunca les inquirieron sobre si deseaban ser alumbrados.

Los Salílidos

El dios griego Falomorfo y la diosa romana Cultura Nulla, alumbraron la estirpe infinita de los Salílidos, que bajaron al hombre al metal hierro. Estos infraseres, se caracterizan porque cuando intentan desarrollar cualquier estímulo intelectual, su cerebro secreta la visión de una enorme vagina, en cuyos pliegues sabios, naufragan sin hallar solución. Ellos se creen dotados del poder de atravesar la opacidad de los vestidos y visualizar las desnudas carnes de las mujeres, actividad a cuyo desempeño acompaña ingentes cantidades de babas y la emisión de procacidades. Son de naturaleza umbrática, ya que precisan del anonimato que otorga el corifeo para la impunidad de la humillación. Confunden siempre el valor con el precio y la crueldad con el ingenio. Los Salílidos consideran hetáiras a todas la mujeres menos a su madre y sus hermanas, gustan de describir los lances de apareamiento con profusos detalles sobre la anatomía y las identidades e importunan a cualquier mujer solo por ser mujer. La Muerte, devota hija de la Noche, aun no ha redimido los mundos con su completa aniquilación.

Los seres Especulares

Nacidos en los periodos de bonanza en los ciclos de los hombres de hierro, aborrecen tanto del esfuerzo como del anonimato. De naturaleza amistosa y artera, ejercitan por norma la suplantación de cuanto valora el grupo en el que se incrustan. Maquillan su insipiencia con prodigiosa locuacidad y dominan el arte de la calculada indefensión, donde otro cambiará la herradura de su montura o proveerá el aceite para su lámpara, sin que quien realiza la labor la sienta como ajena o innecesaria.
Los seres Especulares prosperan sin aportar y crecen enroscados al árbol que se eleva. Su sabio desconocimiento les lleva a profesar con devoción el atajo y ello les priva de la sabiduría que contiene el camino y de la profundidad que otorgan las jornadas de marcha. Reflejan la luz que otros emiten y tienden a venderla como propia; Laoconte los comparó con el caballo que arruinó el esplendor de Troya y observó el fenómeno que permite detectarlos: sea cual sea el líquido en que los sumerjan, flotan siempre.

Las Tapónidas

Son criaturas cuya génesis permanece en la región oscura de lo ignoto; los eruditos que han ensayado las líneas posibles de sus ancestros, no han podido presentar ninguna prueba concluyente. Su capacidad martirizante pudiera situar su nacimiento en alguno de los infiernos menores; ello es también una especulación.
De escasa estatura y cuerpo de mujer de edad mediana, las Tapónidas suelen medir tres veces el ancho de sus formidables caderas, tener pechos más prominentes que los que sujeta su elemental musculatura, pantorrillas como los bíceps de Hércules y el cabello de inusuales colores, corto, ahuecado e impedido de cualquier movimiento; tienden pintar sus párpados superiores y los labios con coloridas materias grasas que les dan un aspecto temible. Son en extremo irritables y de naturaleza desconsiderada; son propensas a no respetar el orden en los mercados, burlar la paciente espera de los buenos ciudadanos y establecer monólogos inacabables con los comerciantes, hasta colapsar el ritmo de los suministros y poner en peligro la paz de las sociedades. Se consideran profundas conocedoras de cualquier materia y tienen una opinión para todo fenómeno. Intolerantes y vengativas, emiten juicios sin la menor misericordia y establecen sentencias sin ninguna piedad. Un tropel de Tapónidas es más temible que una densa nube de langostas sobre mieses granadas.
La arquera Artemis, que hubo singular combate con una de ellas, previno a Apolo de los riesgos en la célebre sentencia que recogiera un anónimo testigo “Hermano mío, si tu camino cierran los dioses con una Tapónida, recuerda que es más rápido saltarla que darle la vuelta; pide antes de nuestro padre, Zeus, especial protección

martes, 5 de mayo de 2009

Haiku. Urdhva Muka Svanasana

No en todos los silencios
prospera
la distancia.

lunes, 13 de abril de 2009

Heaven Stood Still

Quienes deciden adentrarse descalzos en el tapiz de brasas de unas oposiciones, pertenecen a dos clases de individuos; los que tiene un currículo idéntico a sus recientes compañeros de estudios y los que, tras una dilatada estancia en la práctica profesional, deciden abrazarse a la vida sin sobresaltos que ofrece el funcionariado. Los primeros planifican la arquitectura de los temas en atroces calendarios, donde el tiempo que requiere una caña o un polvo corto, queda abducido por las liniaturas de los rotuladores fluorescentes y las promesas de un mañana estable, e inevitablemente proclive a la anestesia de toda vitalidad. Los segundos, abandonan el barco sin ningún remordimiento, cada vez que suena el teléfono o completan las existencias de la nevera cuando tocaba aquello de la espesa Constitución. Los primeros se transforman en cartujos y otorgan a cada fracción del tiempo exactas metas que se deben cumplir; unos ignoran cuando oculta la puerta y tienden a tornarse grises y perder la color, otros abandonan la silla para breves periodos de gimnasia, y evitar con rítmicos movimientos, los cambios que en el tipo produce la estricta observancia opositora; ¡que el dios de los chupitos los confunda y el de los besos con lengua los disperse!

Los otros, los que barajan las hojas de los temas con aparente dedicación tras ocho horas de trabajo, merecen el respeto de la gente cabal en un episodio de locura transitoria del que nadie estamos exentos, ¿quién no tiene un día malo o está libre de una fatal ventosidad mientras se viaja en un coche cerrado?

Es de noche y la luna mengua, los otros, con la dosis exacta de café, están en el segundo repaso de los 35 temas; no han hecho en esta vida otra cosa que estudiar y, acaso en los veranos currar en Tele pizza™, pero tú no, tu existencia ya no se puede encuadernar en solo volumen, y eso, querida, vale cada cicatriz. Algunos renunciamos a medirte en esa vara. Es de noche, decía y la luna mengua mientras Willy de Ville interpreta sugerente su “Heaven Stood Still”

domingo, 12 de abril de 2009

16/2

En el anaquel, el humo azulado de unos conos de incienso, perfuma el dolor sordo de lo irremediable. Arden en tu memoria y elevan volutas densas por la vertical de mi vacío, en la torpe ceremonia de ahumar recuerdos, de mantenerte en mí, de aliviar la certeza del ateo que sabe que no podremos volver a abrazarnos, nunca.

5.843 días, dieciséis años, de aquella forzosa separación que impuso tu muerte; hay espacios en mí donde solo florece la nada, eternos barbechos que ya nadie cultiva, árida geografía donde el desierto crece y la sonrisa mengua. Aquella, nuestra sonrisa de epicúreos descreídos, de hedonistas en mundos a escala reducida, confortable y suficiente; de nosotros y los otros.

Ahora, roto ya el vidrio en la ventana, la atmósfera de fuera penetra las estancias y oxida los colores que usamos para pintar los frescos; tú y yo no buscamos la protección de los barnices por que nunca creímos en la capa final, en la obra acabada o en los puntos y aparte.

16 de febrero; vas por delante, yo sigo ciego.

1. e4, mueven negras

Ella no podía evitar que el peso en la balanza de un rosario de años, llevara la humedad a sus ojos y el sabor de la tristeza a los músculos que enarcan las cejas; todo dolor innecesario resulta cruel. Ello no ocurría de continuo aunque el eco, persistente, de un runrún mantenido, se acunaba en el ritmo de su respiración. La realidad de la vida conculca contratos y hace que los plazos expiren, aunque en el articulado de las promesas parecieran eternos. Condenar una puerta es siempre una experiencia aparatosa, y tirar luego la llave, es algo que trasciende al ritual. No había en esa decisión espacio para el vértigo, sino el peso de cientos de heridas leves, que por ser evitables, dolían como una brutal amputación. Como tantas deidades que perdieron su culto, quien había sido antes el motor de profundos latidos, se hundía ahora en el lodo del ídolo desprovisto de fieles. Los muertos no sangran a borbotones, pensó, y cada laceración por donde se derraman mis arterias, demuestra que estoy viva. Y ahora, cuando la torre ha dado mate al rey, otras partidas reclamarán el orden en las fichas y nuevas aperturas. 32 trebejos, 64 casillas; en las filas, columnas, diagonales, en los bordes, esquinas y en el centro reside el juego y el éxtasis del juego. Aún hay combinaciones que están por explorar.

1. e4, mueven las negras

jueves, 9 de abril de 2009

Haiku 39º 27' N / 0º 20'

Pieles que se encuentran;
el roce nos comprime
y nos dilata.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Haiku. 43º18' N - 1º39' O.

Mejor así;
las cerillas a mano
y la tarde vencida.

Fuera del plano. 47º29'N - 13º02'E

He seguido tan lejos,
que he extraviado mi sombra y su sombrero…
absorto en la firme vertical de los cipreses;
libre de peso.

02.21. 38º11' N - 15º33' E.

Retorno a Heráclito,
la eutanasia feliz y dolorosa de todo recuerdo,
La inevitable búsqueda del desconocimiento.

2 grados a babor. 41º38'29.79" N - 0º53'41.57" O.

Los pequeños engaños que acunaron
a la gran decepción.
Renuncio ahora a desvelar cuales fueron las certezas
y qué, el tan torpe teatro de las sombras.
Recalibrada la aguja del compás
corrijo la deriva.
Regreso a Homero con la eficacia de las grullas
que baten el Egeo.
Hay estelas que no ocupan memoria.

martes, 24 de marzo de 2009

Duda 1

No recuerdo cuando empecé a ejercitar la duda, pero es casi tan vieja como mi tiempo. En un principio eran dudas menores pero que en mi niñez cobraban dimensiones trascendentes ¿van al Cielo los peces?, ¿llevan coronilla las monjas bajo la toca?, ¿cuándo sea como mi padre, dejaré de temer la oscura longitud de cada noche?
El contacto con los códigos del alfabeto y con las clases de mi primer colegio, cualificaron los espacios sin respuestas; despreocupado de los riesgos de ser devorado por los saurios que antes habitaban el desagüe de la bañera, me instalé en los ¿cómo se reproduce el gusano de la conciencia? o el ¿por qué el triángulo blanco que se podía intuir, donde se unen los muslos bajo una falda, producía violentos cambios en porciones concretas de mi anatomía? Fueron muchos los momentos en los que sospeché, que subir escalones tan solo aumentaba la intensidad del vértigo.
Mi adolescencia, tenía 13 en el 68, fue mecida por Hesse y por Vian, por Whitman y Felipe, por Uccello y Van Goch, por Hölderlin, De Quincy, Borges y Welles, por la mano izquierda de Hendrix, las hortensias de Casadios, los 113 gramos de las latas de Twinnigs y por la rotunda imposibilidad de habitar las certezas. Así ha sido desde entonces; vivir para esquejar la duda y cultivarla.

Saber que no podré saberte, excede a mi nihilismo.

Haiku. Hatha Yoga

ardha matsiendra ásana;
para tu serenidad,
mi desvanecimiento.

Oniromancia

Toreando en corto, en el espacio crítico de los dos avisos previos y sin haber montado todavía la espada de matar; ajeno a los tendidos, al callejón, a las voces del mozo de estoques y del peón de confianza, que gritan ¡mátalo!; ajeno al resultado de la tarde y a futuros contratos; ajeno a todo aquello que no se circunscriba en la geometría del toro, el trapo y el que gobierna el trapo. Ajeno al rayo que habrá de partirme alguna vez y en algún sitio.
Toreo circular, naturales templados y el cite sin alivios; aquí y ahora, tú y yo, pasando de metales, cuerpo con cuerpo, mezclándonos las sangres, la que cada uno a obtenido del otro en buena lid, vamos allá, los dos y hagamos algo grande que finalmente nos pierda a cada uno. Vente y da todo lo que tengas; vacíate o vacíame, esto queda entre nosotros. Soñaba, pensó, en los picos de la vida que casi nadie escala por puro pánico escénico; hubiera jurado sentir la arena de su boca en mi boca, se dijo con decepción. Arrancado de los mundos de la ensoñación por esa voz sin rostro que anuncia las paradas, una tras otra y otra, en la insufrible cafetera de un tren de media distancia en la España interior. Por la ventanilla desfilaban las formas del otoño a contramarcha y en el desvencijado asiento de enfrente, la torda veinteañera vestida de matar, pasada de crema base y de First eau de parfum de Van Cleef & Arpels, escaqueado a una madre con más gusto; ofreciendo la palabrera exuberancia de un 110 de copa, a la admiración de albañiles y de mozos de cuerda. Joder tía, pensó, otra mujer sinécdoque, otra metonimia cutre de las tetas por todo el ser; cerró los ojos con el alivio que ofrece el inhibirse en batallas impropias. Buscó entre los cortafuegos del cerebro un rápido antídoto para tan torpe veneno y regresó a donde estaba antes, a la opuesta metonimia, aquella en el todo modela el territorio que define las partes: unos ojos grandes que establecen las exactas coordenadas de un rostro armonioso, que apetece tomar entre las manos, para peinar sus cejas con los dedos pulgares y una boca digna de cualquier naufragio, de torear en corto, de poder a poder.


viernes, 13 de marzo de 2009

Ἴκαρος

En las grandes batallas se levanta polvo; ello resulta inevitable. La vida debiera ser un estruendo formidable, continuo, sin tregua, donde el brillo del cabello y todas las texturas estuvieran permanente amenazadas por la lluvia, feliz, de los escombros que produce la intensidad. Y sin embargo, habitamos la más estéril de las limpiezas, donde la amenaza de contagio se reduce al tedio de vidas circulares, que ignoran el crecimiento en espiral. En la parábola del asno que mueve la muela del molino, encontramos la seguridad de lo previsible y la mansedumbre de anodinas certezas, donde la caída de Ícaro produce más temor, que asombro por la altura de su envidiable ascensión. Volar cometas no levanta nuestros pies de la tierra y las mitologías no sustituyen a la vivencia.

En las grandes caídas se levanta polvo; real, maravilloso, irrenunciable.

martes, 10 de marzo de 2009

"No es olvido."

He sabido que no es olvido lo que mueve tus silencios, ello te ensancha. Pasado mañana, día 12, cumpliré 19.724 días, 54 años, descortezando la tierra. A estas edades uno debiera haber alcanzado una cierta sabiduría; Sócrates invirtió 71 años para llegar a saber que no sabía nada, me ampara en ello cierta defensa.

1.183.440 horas han alumbrado todo aquello que resulta inenarrable y cuanto me he acordado de olvidar; el saldo es desbordante entre las anáforas y las aporías. Múltiple, plural, poliforme, perpetuo mortadelo, sé también que no sé; persigo la ataraxía y huyo del tedio.

No es olvido lo que desequilibra las que veces que te pienso y que lo digo; nada es mejor por que sea enunciable.

Poligrafía: Me gusta saber de ti.

jueves, 5 de febrero de 2009

Etamin (γ Draconis)

Unos y otros estamos siempre ahí, pero a veces permanecemos en silencio. Por una u otra razón, siempre hay alguno de nosotros que se esfera y corta la comunicación, nunca la amarra. Ello es común y estamos educados en las intermitencias; lo que no resulta frecuente es que todos dejemos de emitir a la vez.
El último mes y medio, la afonía no ha ocultado la percepción luminosa de quien recurre quiescente a su forma crisálida. Estás ahí, acunando aquello que habrás de germinar y, que tal vez, algunos lleguemos compartir. Silente eco que no precisa orejas.


This is major Tom to ground control
I’m stepping through the door
And I’m floating in a most peculiar way
And the stars look very different today
For here
Am I sitting in a tin can
Far above the world
Planet earth is blue
And there is nothing I can do

Space Oddity, David Bowie 1969

viernes, 2 de enero de 2009

Mejor, cenas ligeras. 28º67' N - 15º25'O,

Paseaba yo por los inciertos caminos del recuerdo, cuando encontré, de frente, tu rostro de entonces y aquellas caderas de locura…te juro que lo supe antes de que la arteria que rige las memorias, infartara brutal, violentamente.
Ahora, retornado del vientre de la amnesia, rebusco en los desvanes del cerebro, la pista que me devuelva al riesgo y aquella intensidad, amor, aunque me mates; amor, aunque te olvide.

Del tiempo circular. 33º53' N - 35º38' E

Firme como un péndulo…
e igual de inútil…
voy y vuelvo por el espacio finito
de
una caja.

Otro palmo más lejos. 46º49' N - 71º12' O.

Sin ti, todo mi tiempo
se revela vacío…
como un espejo varado en el armario
que nadie puede,
quiere,
sabe abrir

Haiku. 48º16' N - 11º27' E

La mente;
espacio para volar,
si hubiera un pájaro.

Haiku. 68º26' N - 17º25' E

Ataraxia;
gruesos copos
sobre mi hoguera.


Haiku 40º 57' N / 5º 39' O

Prosopopeya;
lloró la rosa
cuando se fue la abeja

Haiku 42º48' N / 1º38' O

Cambio de año;
por el amor al árbol,
podo sus ramas.